La NASA avanzó con una nueva ampliación del contrato de tripulación comercial con SpaceX para garantizar el transporte de astronautas hacia la Estación Espacial Internacional (ISS) durante los próximos años. La decisión aparece en un contexto sensible para el programa espacial estadounidense: mientras Crew Dragon ya opera de manera regular, la nave CST-100 Starliner de Boeing continúa enfrentando demoras técnicas y aún no logró consolidarse como una alternativa certificada para vuelos rutinarios con tripulación.

Más misiones para SpaceX

Según un documento de adquisición fechado el 18 de mayo, la NASA manifestó su intención de sumar seis nuevas misiones posteriores a la certificación —conocidas como Post Certification Missions o PCMs— al contrato Commercial Crew Transportation Capability (CCtCap) de SpaceX. La modificación permitiría ordenar hasta tres de esas misiones de manera inmediata, iniciando así los preparativos operativos, técnicos y logísticos para futuras rotaciones hacia la ISS.

La medida no es menor. En 2022, la agencia ya había incorporado cinco vuelos adicionales al contrato de SpaceX, por un valor de US$ 1.436 millones, elevando el total de misiones contratadas hasta Crew-14 y llevando el valor total del acuerdo a casi US$ 4.927 millones. Ese paquete incluía transporte de tripulación, carga crítica, operaciones de lanzamiento, permanencia en órbita, retorno y capacidad de “bote salvavidas” mientras la cápsula permanece acoplada a la estación.


Astronautas a bordo de una cápsula Crew Dragon durante operaciones de control. La imagen ilustra el rol central de SpaceX en el transporte tripulado de la NASA hacia la Estación Espacial Internacional
Astronautas a bordo de una cápsula Crew Dragon durante operaciones de control. La imagen ilustra el rol central de SpaceX en el transporte tripulado de la NASA hacia la Estación Espacial Internacional



La presión sobre Boeing

El trasfondo de esta decisión es la incertidumbre alrededor de Starliner. Boeing fue seleccionado junto a SpaceX en 2014 para desarrollar un sistema estadounidense de transporte tripulado, con el objetivo de evitar la dependencia exclusiva de las cápsulas rusas Soyuz y asegurar redundancia para la NASA. Pero mientras SpaceX certificó Crew Dragon en 2020 y acumuló una secuencia regular de vuelos, Starliner quedó atrapada en una cadena de problemas técnicos, demoras y revisiones regulatorias.

La propia NASA modificó en noviembre de 2025 el contrato con Boeing. Starliner-1, que originalmente debía ser una misión operacional con astronautas, pasó a ser una misión sin tripulación destinada a transportar carga y validar mejoras del sistema. La agencia indicó además que, después de esa misión y de la certificación correspondiente, Starliner podría realizar hasta tres rotaciones tripuladas hacia la ISS.

Reuters informó que esa modificación redujo las misiones garantizadas de Starliner y que el programa arrastra problemas de propulsión, sobrecostos y retrasos desde hace años. La situación se agravó tras el vuelo de prueba tripulado de 2024, cuando fallas en propulsores y otros inconvenientes obligaron a revisar el plan de retorno de los astronautas.

Una red de seguridad para la ISS

Para la NASA, el punto central es operativo: la ISS necesita rotaciones previsibles de tripulación aproximadamente cada seis meses. La misión Crew-12 de SpaceX se acopló a la estación el 14 de febrero de 2026 con cuatro tripulantes, mientras que Crew-13 fue adelantada para mediados de septiembre con el objetivo de aumentar la frecuencia de rotaciones estadounidenses hacia el laboratorio orbital.

Esto convierte a SpaceX en el proveedor crítico del sistema. En teoría, el programa Commercial Crew fue diseñado para tener dos vehículos distintos y reducir riesgos. En la práctica, Crew Dragon es hoy la única nave estadounidense certificada y operativa para transportar astronautas a la ISS. Por eso la NASA busca blindar el calendario hasta el final de la vida útil prevista de la estación, actualmente planificada hacia 2030.

SpaceX gana peso estratégico

La ampliación del contrato consolida el papel de SpaceX como columna vertebral del acceso tripulado estadounidense a la órbita baja. No se trata solo de más vuelos: es una señal política, industrial y tecnológica. La NASA necesita continuidad, seguridad y margen de maniobra; SpaceX ofrece un sistema probado, reutilizable y con historial operativo; Boeing, por ahora, sigue intentando demostrar que Starliner puede convertirse en la segunda opción que la agencia esperaba desde el inicio.

En el corto plazo, la decisión protege la operación de la ISS. En el largo plazo, deja una conclusión incómoda para el programa espacial estadounidense: la redundancia sigue siendo el objetivo, pero la realidad operativa muestra una dependencia cada vez mayor de SpaceX.