Argentina dio un nuevo paso en el desarrollo del almacenamiento energético a gran escala. A través de CAMMESA, el Gobierno abrió los sobres técnicos de la convocatoria ALMA SADI, destinada a incorporar sistemas de baterías en puntos críticos del Sistema Argentino de Interconexión.

El resultado fue muy superior al objetivo inicial: se presentaron 235 proyectos de 37 empresas nacionales e internacionales, por un total de 8.335 MW de potencia ofertada. La cifra multiplica por casi 12 la meta original de 700 MW y refleja un fuerte interés privado por una tecnología que empieza a ocupar un lugar central en la planificación eléctrica argentina.

BESS: una respuesta a la red bajo presión

La convocatoria apunta a instalar sistemas BESS —baterías de almacenamiento de energía— en nodos críticos del NOA, NEA, Centro, Litoral, Cuyo y Buenos Aires, sin incluir el AMBA. El objetivo es mejorar la confiabilidad del SADI, reducir interrupciones durante picos de demanda y aportar flexibilidad operativa ante variaciones rápidas del consumo o de la generación renovable.

Las baterías no generan energía por sí mismas, pero permiten almacenar electricidad cuando hay disponibilidad y devolverla al sistema cuando la red lo necesita. En sistemas con mayor participación solar y eólica, esta capacidad se vuelve estratégica: ayuda a suavizar la intermitencia, estabilizar tensión y frecuencia, y reducir restricciones de despacho.

Cronograma y antecedente en el AMBA

Tras la apertura técnica, el proceso continuará con la publicación de ofertas admitidas el 16 de junio, la apertura económica el 24 de junio y las adjudicaciones previstas para los primeros días de julio. Para esta primera etapa, la inversión estimada ronda los USD 700 millones, considerando el objetivo base de 700 MW.

ALMA SADI llega después de ALMA-GBA, la primera iniciativa argentina de almacenamiento eléctrico a gran escala. Ese proceso estuvo orientado a nodos críticos del Área Metropolitana de Buenos Aires y adjudicó del orden de 700 MW, con una inversión prevista superior a USD 540 millones.

América Latina entra en la era del almacenamiento

El movimiento argentino se inscribe en una tendencia regional. América Latina, históricamente apoyada en una matriz relativamente limpia por el peso de la hidroelectricidad, enfrenta ahora un nuevo desafío: integrar más energía solar y eólica sin comprometer la estabilidad de sus redes.

En ese contexto, el almacenamiento dejó de ser una tecnología de nicho para convertirse en infraestructura crítica. Algunas proyecciones privadas estiman que la región podría alcanzar cerca de 20 GWh de capacidad BESS instalada hacia fines de 2026.

Chile aparece como el líder regional. Su ventaja combina alta penetración renovable, mejor marco regulatorio y proyectos de gran escala. El caso más visible es Oasis de Atacama, de Grenergy, que contempla 2,5 GW solares y 14,1 GWh de almacenamiento en baterías en el norte chileno.

Brasil, México y Colombia también avanzan con mecanismos regulatorios, subastas y obligaciones asociadas a nuevos proyectos renovables. Otros países, como Perú, República Dominicana y Honduras, empiezan a mostrar desarrollos más incipientes.

Una señal de madurez energética

Para Argentina, la magnitud de la sobreoferta en ALMA SADI es una señal relevante. No resuelve por sí sola los problemas estructurales del sistema eléctrico, pero muestra que existe apetito inversor para financiar infraestructura moderna, flexible y necesaria.

El almacenamiento en baterías no reemplaza obras de transporte ni generación firme, pero puede ganar tiempo operativo, reducir eventos críticos y mejorar la integración renovable. En un sistema con nodos saturados, demanda creciente y necesidad de confiabilidad, las baterías empiezan a pasar del discurso tecnológico a la infraestructura concreta.