El gobierno de Brasil decidió aumentar del 18% al 25% el impuesto de importación para un tipo específico de baterías de ion-litio utilizadas en sistemas de almacenamiento de energía solar y en infraestructura de telecomunicaciones. La medida alcanza a baterías LFP —fosfato de hierro y litio— de 48 voltios, destinadas a aplicaciones estacionarias en estaciones base de telefonía y en sistemas fotovoltaicos de hasta 4,8 kW.

La decisión estará vigente durante un año, entre el 19 de mayo de 2026 y el 18 de mayo de 2027. Luego, el esquema deberá ser revisado. Para otras baterías de ion-litio clasificadas dentro de la misma categoría aduanera, el arancel continuará en 18%.

Una medida para proteger la fabricación local

El aumento fue impulsado por el fabricante brasileño UCB, que había solicitado una suba arancelaria para evitar que la producción local quedara desplazada por baterías importadas, principalmente de origen asiático. La propuesta también recibió apoyo de otras empresas del sector, como WEG, Enersys y Moura.

El mecanismo busca mejorar la competitividad de la industria nacional mediante una barrera temporal al ingreso de productos extranjeros más baratos. En la práctica, subir el arancel encarece las baterías importadas y puede dar mayor margen comercial a los fabricantes locales.

El rol de las baterías LFP

Su función es almacenar la energía generada durante el día para utilizarla durante la noche o en momentos de baja generación.


Las baterías LFP de 48V son utilizadas en sistemas solares pequeños, como instalaciones residenciales o de baja potencia comercial.
Las baterías LFP de 48V son utilizadas en sistemas solares pequeños, como instalaciones residenciales o de baja potencia comercial.

También son relevantes para las telecomunicaciones, ya que las antenas y estaciones base necesitan respaldo eléctrico constante para evitar interrupciones en el servicio.

El debate: industria nacional o transición más cara

La medida se produce en un contexto de fuerte crecimiento de la energía solar en Brasil y de mayor demanda de almacenamiento. A medida que aumenta la instalación de paneles solares, también crece la necesidad de baterías que permitan estabilizar el suministro y reducir la dependencia de la generación instantánea.

Sin embargo, la decisión generó críticas. El Instituto Nacional de Energía Limpia (Inel) se manifestó en contra durante la consulta pública. Su secretario, Wladimir Janousek, advirtió que estas baterías representan una parte importante de la demanda actual de importaciones y que el aumento del arancel no garantiza una industria local más competitiva.

Desde ese sector sostienen que Brasil ya atravesó una experiencia similar con los módulos fotovoltaicos: los aranceles buscaron proteger la fabricación nacional, pero también encarecieron el acceso a tecnología solar y no lograron consolidar una cadena productiva plenamente competitiva.

Un dilema cada vez más común en América Latina

La decisión brasileña refleja una tensión creciente en la región: cómo desarrollar industria local sin frenar la expansión de tecnologías limpias. Por un lado, los gobiernos buscan capturar parte del valor económico de la transición energética, generar empleo y reducir la dependencia de importaciones. Por el otro, los aranceles pueden encarecer equipos clave y demorar la adopción de soluciones renovables.

En el caso de Brasil, el impacto se concentrará en dos sectores sensibles: los pequeños sistemas solares con almacenamiento y la infraestructura de telecomunicaciones. La discusión de fondo será si el proteccionismo temporal ayuda a fortalecer la industria nacional o si termina elevando los costos de una transición energética que necesita escala, velocidad y precios competitivos.