IMPSA abrió una nueva etapa en Venezuela, aunque todavía no se trata de un contrato definitivo. La empresa argentina firmó un acta de acuerdo con el Ministerio de Energía Eléctrica y Corpoelec para avanzar en la renegociación de proyectos hidroeléctricos que permanecían paralizados desde hace más de una década.
El entendimiento apunta a ordenar las condiciones técnicas, financieras y operativas necesarias para recuperar infraestructura estratégica sobre el río Caroní. El objetivo planteado es sumar 672 MW de capacidad en un plazo de 19 meses, mediante la puesta en marcha de dos unidades de Tocoma y la rehabilitación de tres unidades de Macagua.
Tocoma, la obra pendiente
La Central Hidroeléctrica Manuel Piar, conocida como Tocoma, fue concebida como la última gran incorporación del complejo del bajo Caroní. Su diseño contempla 2.160 MW distribuidos en diez unidades generadoras.
La construcción comenzó en 2007 y debía finalizar hacia 2014, pero quedó paralizada por problemas contractuales y de pago. IMPSA ya había fabricado cerca del 60% de los equipos, entre turbinas Kaplan y generadores, que permanecen almacenados en Mendoza.
El acta firmada busca destrabar esa situación: convertir equipamiento ya fabricado y obra civil avanzada en una posibilidad concreta de generación eléctrica, siempre que luego se concrete el contrato definitivo.
Macagua, el frente más inmediato
A diferencia de Tocoma, Macagua es una central existente que requiere rehabilitación. El acuerdo preliminar incluye tres unidades de la Central Hidroeléctrica Antonio José de Sucre, algunas de aproximadamente 80 MW cada una.
Ese frente aparece como el de impacto más rápido. Una vez firmado el contrato final, algunas unidades podrían volver a operar entre 90 y 100 días después, aportando potencia disponible en un sistema marcado por apagones y restricciones de suministro.
El cuello de botella eléctrico
Venezuela cuenta con una capacidad instalada teórica superior a 34.000 MW, pero la generación real y confiable se ubica muy por debajo de ese número. La diferencia responde a años de falta de mantenimiento, escasez de repuestos, deterioro de la infraestructura hidroeléctrica y bajo rendimiento de las centrales térmicas.
En ese contexto, el complejo del Caroní —integrado por Guri, Macagua, Caruachi y Tocoma— vuelve a ocupar un lugar central. Su recuperación es considerada prioritaria porque la hidroelectricidad, cuando está bien mantenida, permite generación masiva, estable y de menor costo operativo.

Objetivos industriales y estratégicos
Para Venezuela, el objetivo inmediato es aliviar el déficit eléctrico y mejorar la estabilidad del suministro, especialmente en el oriente y sur del país. En el mediano plazo, completar Tocoma y rehabilitar Macagua podría sumar más de 2.600 MW al sistema.
El impacto excede al sector eléctrico. Una red más estable es condición necesaria para sostener actividad industrial en Bolívar, incluyendo aluminio, acero, minería y operaciones vinculadas al petróleo.
Para IMPSA, el avance representa una oportunidad para reactivar contratos pendientes, movilizar equipamiento ya fabricado y recuperar presencia internacional en grandes obras hidroeléctricas. La licencia otorgada por la OFAC a comienzos de 2026 fue una pieza clave para permitir la exportación e instalación de equipos en el marco del régimen de sanciones.
Una prueba de ejecución
El acta de acuerdo no resuelve por sí sola los problemas estructurales del sistema eléctrico venezolano ni equivale a la firma final de los contratos. Es, ante todo, un paso para destrabar una situación técnica, financiera y diplomática que llevaba años bloqueada.
El éxito dependerá de que se concrete el contrato definitivo, se aseguren mecanismos de pago y se sostenga la ejecución técnica en los plazos previstos. Aun así, el avance marca un cambio relevante: después de más de una década de parálisis, Tocoma y Macagua vuelven a entrar en agenda como parte de la recuperación hidroeléctrica venezolana.









