La adhesión de Argentina a Pax Silica pasó casi inadvertida en la agenda local, aunque puede tener impacto sobre inversiones estratégicas. El 26 de junio, el país se incorporó a la iniciativa estadounidense que reúne socios para asegurar las cadenas de suministro de la inteligencia artificial: minerales críticos, energía, manufactura avanzada, semiconductores, logística y centros de datos.




La infraestructura detrás de la inteligencia artificial

Pax Silica no es un tratado comercial ni asegura financiamiento automático. Es un marco de coordinación geoeconómica: Estados Unidos busca reducir vulnerabilidades en cadenas dominadas o influidas por China y acercar capital, proveedores y demanda tecnológica a países considerados confiables.

La propuesta parte de una realidad física. La IA no funciona sólo con software: necesita cobre para redes, litio para almacenamiento, energía firme, equipamiento electrónico, capacidad de cómputo y grandes obras de infraestructura. En ese mapa, los recursos naturales y la estabilidad regulatoria ganan peso estratégico.

Washington anunció además su intención de trabajar con el Congreso para destinar USD 250 millones a un Pax Silica Fund. El objetivo es movilizar inversiones privadas y de socios aliados hacia minerales críticos, infraestructura y manufactura asociada a semiconductores; no se trata de una asignación automática para los miembros ni de un fondo capaz de financiar por sí solo megaproyectos.

Filipinas, el caso que muestra cómo funciona

Filipinas aparece como la referencia más avanzada de la iniciativa. Tras sumarse a Pax Silica, anunció junto a Estados Unidos el desarrollo de una zona de seguridad económica de 1.620 hectáreas en New Clark City, dentro del Corredor Económico de Luzón. El proyecto fue presentado como el primer polo industrial “nativo de IA” bajo este esquema.

El caso importa porque convierte una adhesión diplomática en una plataforma concreta para reunir infraestructura, manufactura, logística, tecnología y capital privado. No es un proyecto terminado, pero sí el primer ejemplo visible de la lógica que propone Pax Silica: concentrar activos físicos y reglas previsibles para atraer inversiones vinculadas con la nueva economía digital.

La oportunidad argentina

Argentina no necesita replicar el modelo filipino. Tiene una combinación propia: litio y cobre para la cadena eléctrica y electrónica; gas de Vaca Muerta para respaldar demanda industrial; renovables para ampliar la oferta energética; y territorio para desarrollar infraestructura, procesamiento y servicios asociados.

El RIGI puede ser el complemento local de esa estrategia. El régimen contempla inversiones desde USD 200 millones y ofrece estabilidad tributaria, aduanera y cambiaria por 30 años para los proyectos adheridos. Esa previsibilidad mejora la bancabilidad de iniciativas de minería, energía, infraestructura y tecnología.


El embajador Alex Oxenford durante la firma de adhesión de Argentina a Pax Silica en Washington.
El embajador Alex Oxenford durante la firma de adhesión de Argentina a Pax Silica en Washington.

La ventaja no está sólo en exportar minerales. El desafío es presentar proyectos que integren procesamiento intermedio, energía disponible, infraestructura eléctrica, logística y contratos de largo plazo. Pax Silica puede aportar la señal geopolítica y el acceso a una red de financiamiento y demanda; Argentina debe aportar proyectos sólidos y condiciones para ejecutarlos.

El acuerdo pasó con poco ruido, pero su potencial es estructural: permitir que el país se posicione no sólo como proveedor de recursos, sino como parte de la infraestructura física que sostiene la expansión global de la inteligencia artificial.