Bernardo Fontaine, presidente del directorio desde mayo, descartó que la empresa pueda alcanzar la antigua meta de 1,7 millones de toneladas durante los próximos cuatro o cinco años. El giro supone priorizar rentabilidad, eficiencia y recuperación de valor por encima del crecimiento de volumen a cualquier costo.
Una década de deterioro productivo
Codelco produjo 1,332 millones de toneladas en 2025, apenas por encima del año anterior. Sin embargo, durante los primeros cinco meses de 2026 la producción cayó 11,3% interanual, hasta 504.600 toneladas, con un retroceso cercano al 27% en El Teniente.
El estancamiento responde a problemas estructurales. La ley promedio del mineral descendió desde aproximadamente 0,77% en 2015 hasta un rango de entre 0,59% y 0,63% en los últimos años. Esto obliga a extraer, transportar y procesar más roca para obtener la misma cantidad de cobre.
A esto se suman el envejecimiento de los yacimientos, la transición de Chuquicamata desde una operación a cielo abierto hacia una mina subterránea, los problemas geotécnicos en El Teniente y los retrasos y sobrecostos de los denominados proyectos estructurales. La compañía acumula siete años consecutivos sin cumplir sus proyecciones de producción.

Deuda creciente y costos más altos
La deuda financiera aumentó cerca de 50% entre 2022 y 2025, hasta ubicarse entre US$ 25.000 millones y US$ 26.300 millones. Los intereses anuales ya rondan los US$ 1.000 millones, mientras el cash cost C1 se situó entre 205 y 214 centavos por libra durante 2025.
Fontaine anticipó una estrategia orientada a mejorar productividad, disciplina de capital y retorno económico, con mayor apertura a asociaciones con empresas privadas. El nuevo plan de recuperación sería presentado entre octubre y noviembre de 2026.
Una señal para el mercado mundial
Codelco representa alrededor del 6% de la producción mundial de cobre minado y cerca del 30% de la oferta chilena. Que el principal productor global no consiga crecer refuerza las perspectivas de un mercado cada vez más ajustado.
La Agencia Internacional de Energía estima que la oferta primaria de cobre podría quedar cerca de 25% por debajo de los requerimientos globales hacia 2035, si solo se consideran los proyectos actualmente anunciados.
La presión no proviene únicamente de los vehículos eléctricos, las energías renovables y la expansión de las redes. Los centros de datos vinculados con inteligencia artificial demandan entre 20 y 40 toneladas de cobre por cada megavatio de capacidad instalada, debido a su uso intensivo en cables, barras conductoras, sistemas de refrigeración y transformadores.
Argentina ante una ventana que exige velocidad
El retroceso de Codelco no implica que el cobre vaya a faltar inmediatamente, pero sí confirma que la oferta tradicional tendrá dificultades para acompañar el crecimiento de la demanda. En ese escenario, los nuevos distritos cupríferos ganan valor estratégico.
La Argentina dispone de una cartera de proyectos de escala mundial, especialmente en San Juan, con desarrollos como Vicuña, Los Azules, El Pachón y Altar. Sin embargo, gran parte de ese potencial todavía depende de inversiones, infraestructura eléctrica, caminos, financiamiento y reglas capaces de sostener proyectos durante décadas.
La oportunidad consiste en transformar el actual interés inversor y herramientas como el RIGI en decisiones concretas de construcción. Acelerar permisos, infraestructura compartida y acuerdos de largo plazo permitiría que el país incorpore nueva oferta durante la próxima década, cuando el mercado podría enfrentar sus mayores restricciones.









