Estados Unidos dio un nuevo paso en su estrategia para reducir la dependencia de China en minerales críticos. La Corporación Financiera de Desarrollo Internacional —DFC, por sus siglas en inglés— comprometió hasta unos US$4,8 millones para acelerar Ampasindava, un proyecto de tierras raras ubicado en la costa noroeste de Madagascar y controlado por Harena Rare Earths.
El aporte financiará estudios ambientales y sociales, ensayos de laboratorio y una planta piloto. Aunque representa una fracción de los US$150 millones estimados para desarrollar la mina, funciona como capital temprano para reducir riesgos técnicos y facilitar futuros acuerdos de financiamiento y venta. La empresa apunta a comenzar la producción a mediados de 2028.

Un depósito estratégico para los imanes
Ampasindava contiene un recurso de 699 millones de toneladas con una ley promedio de 868 partes por millón de óxidos totales de tierras raras. Equivale a unas 606.000 toneladas de óxidos contenidos, según la estimación JORC difundida por la compañía.
El depósito corresponde a arcillas iónicas, mineralizaciones superficiales que pueden explotarse sin perforación ni voladuras. Su principal atractivo es la presencia de neodimio, praseodimio, disprosio y terbio, elementos utilizados en imanes permanentes de alto rendimiento.
El plan contempla producir cerca de 4.000 toneladas anuales de óxidos de tierras raras. Unas 1.700 toneladas corresponderían a los elementos de mayor valor para imanes, utilizados en vehículos eléctricos, turbinas eólicas, electrónica, robótica y sistemas de defensa.
Harena también evalúa alternativas de procesamiento en Estados Unidos y Europa. MP Materials, USA Rare Earth y Solvay aparecen entre los potenciales socios para una etapa que será decisiva para mantener el material fuera del circuito industrial chino.
Washington busca disputar la cadena
La decisión excede la escala económica del desembolso. China concentró en 2024 cerca del 60% de la extracción mundial de tierras raras para imanes, el 91% del refinado y el 94% de la fabricación de imanes sinterizados, de acuerdo con la Agencia Internacional de Energía.
Ampasindava se integra así a una ofensiva más amplia de Washington para respaldar proyectos africanos, promover acuerdos de suministro con empresas occidentales y asegurar minerales para las industrias energética, tecnológica y militar.
El procesamiento sigue siendo el desafío
Abrir nuevas minas no garantiza una cadena independiente. La separación de los distintos elementos, su refinación y la fabricación de imanes continúan altamente concentradas en China. Por eso, Ampasindava será relevante si logra vincular la extracción con capacidad industrial occidental.
El proyecto todavía enfrenta riesgos. Madagascar arrastra fragilidad institucional, falta cerrar la mayor parte del capital y la lixiviación de arcillas exige controles estrictos sobre efluentes y residuos, especialmente en una región de fuertes precipitaciones.
Ampasindava no modificará por sí solo el equilibrio mundial. Pero el respaldo de la DFC envía una señal concreta: Estados Unidos está dispuesto a financiar fuentes africanas de disprosio y terbio fuera del control chino. Es una pieza pequeña, aunque estratégica, en una competencia que se define tanto bajo tierra como en las plantas de procesamiento.









