La estrategia de Estados Unidos para reducir su dependencia de China en minerales críticos enfrenta un desafío cada vez más evidente: la capacidad industrial doméstica todavía está muy lejos de reemplazar la cadena de suministro que busca abandonar.
El problema quedará expuesto el 1 de enero de 2027, cuando entre plenamente en vigor una ampliación de las restricciones para contratistas del Departamento de Defensa. Desde esa fecha quedará prohibida la compra de tierras raras, imanes permanentes, tungsteno, molibdeno y tantalio si cualquiera de las etapas de su producción —desde la minería hasta la fabricación final— pasó por China, Rusia, Irán o Corea del Norte.
Una industria que aún no logra despegar
Según publicados por Reuters, Estados Unidos consume alrededor de 48.000 toneladas anuales de imanes de tierras raras, principalmente de neodimio-hierro-boro (NdFeB). Sin embargo, durante 2025 la producción local fue de apenas 300 toneladas.
Las proyecciones de la consultora Arthur D. Little muestran que la capacidad instalada podría alcanzar unas 5.000 toneladas hacia fines de 2026, equivalente a apenas el 10% de la demanda.
La brecha refleja un problema estructural. China controla más del 80% del refino mundial de minerales críticos y concentra buena parte de la capacidad de separación, fundición y fabricación de imanes. "Va a llevar muchos más años poner en el terreno la infraestructura necesaria para competir", resumió el analista Chris Berry.
La política avanza más rápido que la industria
La restricción forma parte de una serie de National Defense Authorization Acts (NDAA) que fueron endureciendo progresivamente los requisitos para las compras del Pentágono.
Durante 2026 las limitaciones alcanzaban principalmente la producción y fundición de determinados imanes. A partir de 2027 la prohibición abarcará toda la cadena de suministro, incluyendo la extracción minera.
Desde su regreso a la Casa Blanca, Donald Trump convirtió la independencia en minerales críticos en una prioridad estratégica. La administración impulsó inversiones por decenas de miles de millones de dólares, lanzó el Project Vault, un programa de reservas estratégicas valuado en US$12.000 millones, y endureció los requisitos para otorgar excepciones (waivers) a las compras externas.
Sin embargo, la realidad productiva continúa mostrando importantes limitaciones. Estados Unidos no produce tungsteno desde 2015 ni tantalio desde 1959, mientras que la mayoría de los nuevos proyectos respaldados por el Pentágono prevén alcanzar producción comercial relevante recién entre 2028 y 2030.
Un desafío para la defensa y la transición energética
Los imanes permanentes de tierras raras son componentes esenciales para sistemas de defensa, incluyendo misiles, radares, satélites y aviones de combate como el F-35, además de vehículos eléctricos, turbinas eólicas y múltiples aplicaciones electrónicas.
Ante la falta de oferta suficiente, el propio gobierno estadounidense reconoce que probablemente deba seguir recurriendo a compras externas y al uso de waivers mientras se consolida la industria nacional. En ese escenario, aliados como Japón y Corea del Sur aparecen como proveedores intermedios para reducir parcialmente la dependencia de China.
Una oportunidad para Argentina
El cuello de botella también modifica el mapa global de oportunidades. La Agencia Internacional de Energía ya advirtió que alrededor de US$6,5 billones en manufactura mundial están expuestos a posibles restricciones sobre minerales críticos.
Para países con potencial geológico, el nuevo contexto incrementa el valor estratégico de los proyectos fuera de China. Argentina posee al menos 19 depósitos identificados de tierras raras, principalmente en Salta y otras provincias del norte, aunque todavía carece de producción comercial y de capacidad de refinación.

Si la demanda por cadenas de suministro "China-free" o bajo esquemas de friend-shoring continúa creciendo, la región podría transformarse en un proveedor relevante. No obstante, convertir ese potencial en producción requerirá inversiones de largo plazo en exploración, procesamiento, infraestructura y un marco regulatorio que permita competir en un mercado históricamente condicionado por la capacidad china para mantener bajos los precios mediante subsidios y sobreoferta.









