La minería en Argentina cerró el primer bimestre de 2026 con un resultado positivo, destacándose como uno de los pocos sectores que logró esquivar la tendencia recesiva que afecta a la industria en general. Según el Índice de Producción Industrial (IPI) minero, publicado por el INDEC, el sector experimentó un crecimiento acumulado del 4,4% interanual entre enero y febrero.
Este crecimiento no se distribuye de manera uniforme, ya que se sustenta en dos pilares esenciales: el boom de recursos no convencionales en la Cuenca Neuquina y el fortalecimiento de la minería química en el norte del país.
La extracción de petróleo crudo se consolidó como el principal motor del periodo, con un impresionante aumento interanual del 16,3%. Este fenómeno se debe a la altísima productividad de Vaca Muerta, que sigue compensando la declinación de los pozos convencionales en el resto del país. La expansión de oleoductos ha sido fundamental para eliminar los “cuellos de botella” y facilitar el transporte del crudo hacia los puertos de exportación.
En un contexto global marcado por precios volátiles, ocasionados por las tensiones en Medio Oriente, el aumento de la oferta local se presenta como una oportunidad. Sin embargo, los servicios de apoyo, como mantenimiento y perforación, sufrieron una caída del 17,1%, lo que indica que las operaciones se han vuelto más eficientes, utilizando menos equipos activos.
En el ámbito de los minerales no metalíferos, el litio se erige como el líder indiscutido, mostrando un crecimiento relativo del 16,7% en el mismo periodo. El carbonato de litio, en particular, ha registrado un aumento del 38% en lo que va del año, impulsado por la entrada en fase de producción comercial de nuevas plantas, como los avances de la australiana Galan Lithium en el Salar del Hombre Muerto. Argentina, con solo 7 de los 66 proyectos de litio en producción activa, se encamina a superar las 200.000 toneladas anuales hacia 2030.
Sin embargo, no todo son buenas noticias. La minería metalífera, que incluye la extracción de oro y plata, reportó una caída acumulada del 10,4% en el año, con el bullón dorado sufriendo una contracción del 22,6% solo en febrero. Este declive se atribuye a la madurez de yacimientos que han estado en operación durante décadas y la falta de nuevos proyectos de gran escala que puedan compensar la disminución de producción en minas más antiguas.
El balance del bimestre presenta un panorama donde Argentina se redefine como exportadora neta de energía y minerales estratégicos para la transición verde. Mientras el petróleo y el litio sostienen cifras alentadoras, el desafío para el sector será reactivar la exploración metalífera, evitando que el oro y la plata continúen perdiendo relevancia en la canasta exportadora nacional.










