Japón logró recuperar con éxito lodo rico en tierras raras desde una profundidad cercana a los 6.000 metros en el océano Pacífico, frente a la isla Minami-Torishima, también conocida como Marcus Island. El operativo, informado por GeoExpro, marca la primera extracción de este tipo de recurso a esa profundidad y representa un avance relevante en la estrategia japonesa de seguridad de minerales críticos.
La misión fue realizada en enero de 2026 por el buque de perforación científica Chikyu, operado por JAMSTEC, la agencia japonesa de ciencia marina. El objetivo no fue iniciar producción comercial, sino demostrar que la recuperación del sedimento es técnicamente posible en condiciones extremas de presión y profundidad.

Una “fábrica submarina” para bombear sedimentos
La prueba utilizó un sistema experimental denominado “fábrica submarina”. La maquinaria instalada en el fondo marino mezcla el lodo arcilloso con agua de mar, lo muele hasta obtener partículas finas y luego lo bombea como una mezcla fluida, o slurry, hacia la superficie mediante tuberías reforzadas.
El procedimiento permitió recuperar muestras que ahora serán analizadas en laboratorio. Si los resultados son favorables, Japón prevé avanzar en enero de 2027 con nuevas operaciones de prueba, con una meta inicial de extracción de unas 350 toneladas de lodo por día.
Tierras raras, tecnología y geopolítica
Las tierras raras son un grupo de 17 elementos químicos fundamentales para la industria moderna. Se utilizan en imanes permanentes para vehículos eléctricos, turbinas eólicas, electrónica avanzada, pantallas, radares, drones, misiles, láseres y catalizadores.
Para Japón, uno de los grandes consumidores industriales del mundo, el acceso estable a estos insumos es una cuestión estratégica. China concentra cerca del 60% de la minería global de tierras raras y más del 90% de la capacidad de procesamiento y refinado. Esa posición dominante volvió más urgente la búsqueda de fuentes alternativas, especialmente después de episodios de restricciones comerciales y tensiones geopolíticas.
El proyecto frente a Minami-Torishima tiene un elemento adicional: se encuentra dentro de la Zona Económica Exclusiva japonesa. Esto le permite a Tokio avanzar bajo jurisdicción nacional, sin depender de los marcos regulatorios internacionales que rigen los fondos marinos más allá de las aguas soberanas.

Un recurso no convencional en sedimentos abisales
El recurso no corresponde a un yacimiento minero tradicional. Se trata de sedimentos arcillosos formados a partir de restos de huesos de peces, ricos en fosfato de calcio biogénico, que acumularon tierras raras desde el agua de mar durante millones de años.
Las muestras reportadas en estudios previos muestran concentraciones de hasta 0,5% de tierras raras totales, equivalentes a unos 5.000 ppm. En las zonas más ricas, los promedios superan los 1.700 ppm, con picos superiores a 5.600 ppm.
El atractivo principal está en su contenido de tierras raras pesadas, como disprosio, terbio, europio e itrio, elementos más escasos y de alto valor para aplicaciones tecnológicas avanzadas. Un estudio publicado en 2018 estimó que, en el área más prometedora, podría haber cerca de 1,2 millones de toneladas de óxidos de tierras raras en los primeros 10 metros de sedimento. En una zona más amplia, el potencial superaría los 16 millones de toneladas.
Del logro técnico a la viabilidad comercial
Pese al avance, el salto hacia una operación comercial sigue siendo complejo. El desarrollo requiere resolver desafíos de ingeniería, costos, transporte, procesamiento y refinado. La naturaleza arcillosa del sedimento dificulta su extracción convencional, mientras que las tuberías deben operar bajo presiones extremas.
Además, Japón todavía depende en gran medida de la capacidad china para refinar tierras raras. Por eso, la extracción en el fondo oceánico no alcanza por sí sola para asegurar una cadena de suministro independiente.
También existen cuestionamientos económicos y ambientales. Algunos análisis advierten que el costo de producir tierras raras desde estos sedimentos podría ser muy superior al suministro chino. A esto se suma el debate global sobre el impacto de la minería en fondos abisales, ecosistemas poco conocidos y potencialmente vulnerables a la dispersión de plumas de sedimento.
El hito japonés muestra que la carrera por los minerales críticos ya no se limita a minas convencionales en tierra firme. También se desplaza hacia el océano profundo, donde ciencia, ingeniería y geopolítica empiezan a cruzarse con una pregunta central: no solo si el recurso existe, sino si puede extraerse de manera competitiva, segura y ambientalmente aceptable.









