El Distrito Minero Malargüe Occidental (MDMO) se perfila como una de las principales fronteras cupríferas de Argentina. Pero su relevancia todavía no se apoya en reservas ni minas: depende de que los indicios geológicos se conviertan en descubrimientos económicos.

Dentro de ese proceso, El Perdido y El Seguro representan dos modelos complementarios. El primero avanza mediante una alianza entre una exploradora junior y una minera global. El segundo parte de una intervención pública destinada a reducir incertidumbre antes de transferir la continuidad exploratoria al sector privado.

El Perdido: perforación y capital internacional

Kobrea completó en El Perdido seis pozos por 2.358 metros sobre un sistema porfírico de cobre, oro y molibdeno de aproximadamente 2 por 2 kilómetros. Los sondeos confirmaron mineralización, alteración potásica localizada y redes de vetillas de cuarzo.

Los resultados iniciales no definen todavía un recurso. Además, solamente tres pozos alcanzaron la profundidad prevista. La distribución de alteraciones, intrusivos y sulfuros llevó a la compañía a interpretar que el posible núcleo del sistema permanece por debajo de lo perforado.

El proyecto ganó otra dimensión con la alianza entre Kobrea y BHP. El acuerdo incluye USD 3 millones iniciales y al menos USD 5 millones de exploración durante dos años. BHP podrá seleccionar hasta cuatro proyectos y obtener el 75% de cada uno mediante una inversión mínima de USD 40 millones por activo durante ocho años.

El Seguro: reducir riesgo para atraer privados

El Seguro expresa un camino diferente. Impulsa Mendoza adquirió el activo, obtuvo su Declaración de Impacto Ambiental e integró antecedentes históricos con campañas geoquímicas, estudios geofísicos, análisis multiespectrales, dataciones y nuevos trabajos de campo.

Con esa información, la empresa provincial abrió un concurso para adjudicar un contrato de exploración con opción de compra sobre Fausto, Gitana y El Yeso. El objetivo es seleccionar un operador que aporte capital, capacidad técnica y continuidad a la evaluación del proyecto. Las ofertas podrán presentarse hasta el 18 de agosto, según las condiciones oficiales del concurso.

El modelo busca que el Estado absorba parte del riesgo inicial —información, ordenamiento y habilitación ambiental— y que el privado asuma la inversión necesaria para comprobar si existe un depósito económico. Su éxito dependerá tanto de la calidad geológica como del interés y la capacidad financiera de los oferentes.

El MDMO combina escala, geología favorable y baja exploración. El Perdido y El Seguro son dos de los proyectos que buscan transformar ese potencial en inversión.
El MDMO combina escala, geología favorable y baja exploración. El Perdido y El Seguro son dos de los proyectos que buscan transformar ese potencial en inversión.

Qué cambiaría para Malargüe

Materializar alguno de los dos proyectos tendría un efecto que excedería al activo individual. Un descubrimiento relevante validaría el modelo geológico del MDMO, reduciría la percepción de riesgo sobre otros prospectos y podría atraer nuevas campañas, empresas y financiamiento.

Durante la exploración, el impacto se concentraría en perforación, transporte, alojamiento, logística y servicios técnicos. El salto regional llegaría si un descubrimiento avanza hacia factibilidad, construcción y operación: allí aparecerían empleos permanentes, capacitación, proveedores especializados, infraestructura vial, energía, comunicaciones e ingresos fiscales.

También permitiría diversificar la matriz productiva de Malargüe y ampliar su base de servicios, hoy fuertemente vinculada a los hidrocarburos. Parte de esa experiencia operativa podría adaptarse a la minería.

Sin embargo, una campaña exitosa no equivale automáticamente a una mina. Será necesario demostrar ley, volumen, continuidad, recuperación metalúrgica y acceso competitivo a agua, energía y transporte, además de sostener el cumplimiento ambiental y la relación con las comunidades.

El Perdido y El Seguro ponen a prueba dos caminos distintos, pero persiguen el mismo resultado: transformar una frontera geológica en un distrito capaz de generar inversión y desarrollo regional.