Noruega produjo su primer cobre de origen marino y abrió una interesante pregunta: ¿la próxima frontera minera está en el fondo del océano?
Ignacio Rovira
Noruega logró producir cobre del fondo marino, pero el avance abre una disputa ambiental y geopolítica global.
La noticia parece salida de una novela de ciencia ficción, pero ocurrió en el Mar de Noruega: investigadores lograron producir el primer cobre noruego de origen marino a partir de depósitos de sulfuros del lecho oceánico. El material proviene de zonas como Gygra, al oeste de Svalbard, y de estructuras asociadas a la dorsal oceánica donde el agua caliente cargada de metales precipita minerales ricos en cobre, zinc y otros elementos críticos. GeoExPro informó que el proyecto EMINENT permitió demostrar una cadena de valor completa para extraer y procesar minerales submarinos en aguas noruegas.
La primera sorpresa no es solo geológica, sino política y tecnológica: el metal no salió de una mina convencional, ni de un distrito continental clásico, sino de antiguos sistemas hidrotermales ubicados en el fondo del océano. Allí, durante millones de años, la circulación de fluidos calientes fue concentrando metales en depósitos que hoy aparecen como una posible nueva frontera de la minería global.
Operación offshore con equipo submarino: la minería del fondo marino combina tecnología petrolera, robótica oceánica y una nueva carrera por minerales críticos.
El avance que llegó justo antes del freno
El proyecto EMINENT reunió durante tres años a universidades, centros técnicos y empresas como Adepth Minerals, Aker BP, DeepOcean y otros socios especializados en sensores, monitoreo ambiental y operaciones offshore. El objetivo era mapear, perforar, entender y probar tecnologías para una explotación más controlada de los recursos submarinos. Entre las innovaciones aparece el uso de perforación FlexiCore y ensayos de bioleaching, una técnica que busca recuperar metales mediante bacterias capaces de disolver selectivamente minerales, reduciendo el impacto frente a una remoción masiva del fondo marino.
Pero la segunda sorpresa fue más brutal: cuando Noruega empezaba a mostrar resultados concretos, el Gobierno decidió postergar la primera ronda de licencias para minerales submarinos. Según GeoExPro, el acuerdo parlamentario de diciembre de 2025 implicó al menos cuatro años de demora, mientras compañías como Loke Marine Minerals quebraron y Green Minerals redujo personal o comenzó a mirar otras regiones.
El contraste es dramático: Noruega tiene experiencia offshore, industria petrolera madura, tecnología submarina y una zona marítima con potencial mineral. Pero también enfrenta una fuerte resistencia ambiental por el riesgo de intervenir ecosistemas profundos todavía poco conocidos. El país que podía liderar la minería submarina responsable decidió pisar el freno justo cuando tocaba el primer metal.
La carrera ya empezó en el Pacífico
Mientras Noruega duda, otros aceleran. En la Clarion-Clipperton Zone, en el Pacífico, The Metals Company presentó ante la NOAA solicitudes para exploración y recuperación comercial de nódulos polimetálicos bajo legislación estadounidense. La empresa informó que sus áreas TMC USA-A y TMC USA-B contienen recursos estimados en 1.635 millones de toneladas húmedas de nódulos, con aproximadamente 15,5 millones de toneladas de níquel, 12,8 millones de toneladas de cobre, 2 millones de toneladas de cobalto y 345 millones de toneladas de manganeso.
Japón también se metió en la carrera: en febrero de 2026 recuperó lodos ricos en tierras raras desde casi 6.000 metros de profundidad cerca de Minamitorishima, usando el buque científico Chikyu. Reuters señaló que el objetivo japonés es reducir su dependencia de China en minerales críticos para imanes, vehículos eléctricos, defensa y alta tecnología.
La tercera sorpresa, entonces, es geopolítica: la minería submarina ya no es una fantasía marginal. Es una disputa por cobre, níquel, cobalto, manganeso y tierras raras en un mundo donde la transición energética necesita más metales, no menos.
El dilema queda abierto. El fondo del mar puede ser una nueva fuente de minerales estratégicos o una frontera ecológica que la humanidad todavía no sabe intervenir. Noruega acaba de mostrar que el cobre está ahí. La pregunta incómoda es quién se animará a ir a buscarlo primero.