En el contexto de la minería argentina, se observa una dualidad notable entre el presente y el futuro. A inicios de 2026, el sector se beneficia de un ingreso significativo de divisas, con el oro como principal protagonista, generando dos de cada tres dólares que se exportan.
El oro como pilar de las exportaciones mineras
Durante el primer cuatrimestre de 2026, las exportaciones mineras argentinas alcanzaron los 3.200 millones de dólares, lo que representa un incremento del 81% en comparación con el año anterior y más del doble en relación al mismo periodo de 2017. Aunque estas cifras son alentadoras, un informe de la consultora Empiria, liderada por Hernán Lacunza y Nicolás Gadano, advierte sobre la dependencia de los precios internacionales, en lugar de un aumento en la producción local.
El oro fue responsable del 65% del total exportado, aportando 2.098 millones de dólares. En los primeros cuatro meses del año, se exportaron 112 toneladas de oro, una cifra similar a la de 2017. Sin embargo, lo que realmente ha cambiado son los precios, que han pasado de un máximo de 1.370 dólares por onza hace una década a alrededor de 4.500 dólares en la actualidad.

Litio y cobre: un futuro prometedor
El litio, por su parte, presenta un crecimiento notable en volumen, aumentando de 2.880 toneladas en 2007 a 47.592 toneladas en 2026. Esto es gracias a la explotación de salares en el norte del país, posicionando a Argentina como el tercer productor mundial. Sin embargo, los precios deprimidos debido a la sobreoferta global hacen que este mineral genere solo un tercio de lo que aporta el oro.
El verdadero cambio en el panorama minero se espera que llegue con el cobre. Para 2035, se estima que las exportaciones de cobre podrían multiplicarse por seis, alcanzando 37.000 millones de dólares anuales. En este nuevo escenario, se prevé que el cobre represente el 52% del total de las exportaciones, mientras que el litio y el oro ocuparán el 32% y menos del 10% respectivamente.
Desafíos en la transición hacia el cobre
Este cambio no ocurrirá de la noche a la mañana; el desarrollo minero requiere entre 5 y 8 años desde el anuncio de la inversión hasta la producción efectiva. Actualmente, los principales proyectos cupríferos se encuentran en fases previas a la construcción en provincias como San Juan, Catamarca y Salta.
El Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) se presenta como un catalizador, con proyectos mineros por casi 50.000 millones de dólares en marcha, de los cuales el 42% ya cuenta con aprobación. Sin embargo, la aprobación fiscal es solo el comienzo; el verdadero desafío será llevar estos proyectos a la fase de obra, lo que determinará si el cobre podrá cumplir con las expectativas para 2032.









