Salta busca recuperar un lugar estratégico en el mapa nuclear argentino. La provincia analiza junto a la Comisión Nacional de Energía Atómica avanzar en el estudio de los distritos Don Otto y Tonco-Amblayo, dos áreas con historia minera, potencial geológico y un valor creciente en el debate sobre soberanía energética.
Un mineral estratégico vuelve al centro de la escena
El ministro de Producción y Minería, Ignacio Lupión, mantuvo una reunión con autoridades de la CNEA y legisladores provinciales para evaluar nuevas perspectivas de exploración de uranio en Salta. El encuentro puso el foco en una pregunta de fondo: cómo puede la provincia aportar al abastecimiento nacional de insumos críticos para el plan nuclear argentino.
La discusión no parte de cero. Don Otto es uno de los nombres históricos de la minería nuclear nacional. Según la CNEA, el Complejo Minero Fabril Tonco, ubicado en el departamento San Carlos, operó entre 1964 y 1981, principalmente con mineral proveniente de Don Otto y, en menor escala, de Los Berthos, Pedro Nicolás y Martín Miguel de Güemes. Sus instalaciones ocupan unas 25 hectáreas y hoy se encuentran bajo tareas de control y monitoreo periódico.
Don Otto y Tonco-Amblayo: geología con historia
El interés técnico se explica por la geología. La base de datos del SEGEMAR identifica a Don Otto como un depósito de uranio asociado a sedimentos, dentro del distrito Tonco-Amblayo, con mineralización vinculada a areniscas y pelitas de la Formación Yacoraite, del Grupo Salta. El registro oficial consigna 584.709 toneladas de mineral y una ley de uranio de 1,05152 por mil, además de la presencia de minerales como autunita, carnotita, uranofano y fosfuranilita.
Ese dato es clave porque Tonco-Amblayo no representa solo una vieja mina cerrada, sino un distrito uranífero con antecedentes, indicios y un marco geológico favorable. Estudios de la propia CNEA describen que Don Otto forma parte del exdistrito uranífero Tonco-Amblayo y que la principal mineralización se asocia a la Formación Yacoraite, unidad portadora de los niveles mineralizados de uranio en la zona.

Soberanía energética y cadena nuclear
El trasfondo es más amplio que la minería. Argentina opera tres centrales nucleares —Atucha I, Atucha II y Embalse— con una potencia instalada total de 1.763 MW, según Nucleoeléctrica Argentina. Esa capacidad forma parte de la generación de base del sistema eléctrico y requiere una cadena de abastecimiento estable, desde el uranio hasta la fabricación del combustible.
Aunque el país conserva capacidades industriales relevantes, como la fabricación de elementos combustibles a través de CONUAR y una planta con capacidad de 160 toneladas de metal pesado por año para combustibles tipo Atucha y CANDU, el abastecimiento de uranio natural sigue siendo un punto sensible. Por eso, revalorizar distritos como Don Otto no implica únicamente abrir una discusión minera: implica pensar el ciclo completo del combustible nuclear con mayor autonomía nacional.
Impacto regional en los Valles Calchaquíes
Para Salta, la eventual reactivación de estudios y exploración también tiene una dimensión territorial. Los Valles Calchaquíes podrían incorporar una actividad de alta especialización, con demanda de geólogos, técnicos, servicios ambientales, logística, laboratorios, infraestructura y empleo indirecto. En una provincia ya posicionada por el litio, el oro y otros minerales estratégicos, el uranio agregaría una nueva capa de valor: la conexión directa entre minería, ciencia aplicada y energía firme.
El desafío será avanzar con licencia social, control ambiental, información pública y previsibilidad regulatoria. La CNEA mantiene antecedentes técnicos y monitoreos en la zona, pero cualquier nueva etapa exigirá estándares modernos, trazabilidad y un debate legislativo serio. Salta no solo busca mirar al pasado de Don Otto: intenta decidir si ese pasado puede transformarse en una herramienta concreta para el futuro nuclear argentino.









