Corea del Sur y Estados Unidos avanzarán en la creación de grupos de trabajo conjuntos para implementar los acuerdos alcanzados en 2025 sobre cooperación nuclear, defensa naval y construcción de submarinos de propulsión nuclear. La iniciativa marca un paso concreto en el vínculo estratégico entre ambos países y busca transformar una decisión política en una hoja de ruta técnica, legal e industrial.
La subsecretaria de Estado para Asuntos Políticos de Estados Unidos, Allison Hooker, encabezará en las próximas semanas una delegación interagencial a Seúl para poner en marcha estos equipos bilaterales. La medida fue informada tras una reunión en Washington con el viceministro surcoreano de Exteriores, Park Yoon-joo.
Submarinos nucleares, pero no armas nucleares
El proyecto apunta al desarrollo de submarinos de propulsión nuclear equipados con armamento convencional. Es decir, unidades que utilizan un reactor nuclear para desplazarse, pero que no necesariamente portan armas nucleares.
La diferencia es central. A diferencia de los submarinos diésel-eléctricos, los de propulsión nuclear pueden permanecer sumergidos durante períodos mucho más prolongados, operar a mayor velocidad y mejorar la capacidad de vigilancia en escenarios marítimos complejos. Para Corea del Sur, esto es especialmente relevante frente a Corea del Norte y al creciente peso naval de China en el Indo-Pacífico.
Según reportes surcoreanos, Seúl analiza unidades de unas 5.000 toneladas, con despliegue potencial hacia mediados de la próxima década. Sin embargo, aún quedan temas sensibles por resolver, especialmente el origen del combustible nuclear y los acuerdos legales necesarios para su transferencia.

El antecedente de la cumbre Trump-Lee
El avance actual deriva de la cumbre de octubre de 2025 entre el presidente surcoreano Lee Jae-myung y el presidente estadounidense Donald Trump. En la declaración conjunta posterior, Washington expresó su apoyo a los programas nucleares civiles y navales de Corea del Sur, incluyendo el proceso para avanzar en enriquecimiento de uranio y reprocesamiento de combustible gastado para fines pacíficos.
En esa misma hoja de ruta, Estados Unidos aprobó que Corea del Sur construya submarinos de ataque de propulsión nuclear y se comprometió a trabajar con Seúl en los requerimientos del proyecto, incluyendo las vías para obtener combustible.
Defensa, industria y geopolítica
Para Seúl, el objetivo es reforzar su autonomía militar sin romper la alianza con Washington. Corea del Sur busca mejorar su capacidad de disuasión frente a Pyongyang, que mantiene programas nucleares y misilísticos activos, mientras Estados Unidos intenta repartir mejor las cargas de defensa entre sus aliados asiáticos.
El acuerdo también tiene una dimensión industrial. La cooperación incluye astilleros, tecnología naval, inteligencia artificial, industria nuclear y mayores inversiones surcoreanas en Estados Unidos. En noviembre de 2025, Lee sostuvo que ambos países habían cerrado una hoja de entendimiento sobre comercio y seguridad que incluía submarinos nucleares, construcción naval y cooperación nuclear.
Un debate sensible para la no proliferación
El punto más delicado sigue siendo nuclear. Corea del Sur insiste en que no busca submarinos con armas nucleares, sino plataformas convencionales de mayor autonomía. De hecho, Lee planteó en 2025 que el objetivo era mejorar la capacidad de rastrear submarinos norcoreanos o chinos y reducir la carga operativa de Estados Unidos en la región.
Sin embargo, el uso de combustible nuclear naval abre una discusión global sobre proliferación, controles internacionales y transferencia de tecnología sensible. Para Washington, el desafío será permitir un salto militar de su aliado sin debilitar el régimen de no proliferación que históricamente limitó este tipo de cooperación.
En términos estratégicos, el movimiento confirma que la península coreana sigue entrando en una etapa de mayor competencia tecnológica y militar. Para Corea del Sur, los submarinos de propulsión nuclear representan un salto operativo. Para la región, también son una señal de que la carrera por el dominio submarino en Asia-Pacífico acaba de subir un nivel.









