Estados Unidos puso el foco de su nuevo impulso nuclear en un problema menos visible que el diseño del reactor: la cadena de suministro. El Departamento de Energía (DOE) anunció el 23 de junio un compromiso condicional de préstamos por hasta US$ 17.500 millones para comprar equipos de larga fabricación destinados a hasta cinco proyectos, con dos reactores AP1000 de Westinghouse por sitio.
No es aún financiamiento definitivo ni implica fondos liberados de inmediato. El programa debe cumplir condiciones técnicas, legales, ambientales y financieras. Pero apunta a destrabar una etapa decisiva: encargar con años de anticipación vasijas de presión, generadores de vapor, bombas del circuito primario y módulos estructurales prefabricados.
Diez AP1000 y una apuesta por la repetición
La meta es acelerar hasta tres años la construcción y entrada en operación de diez AP1000, reactores de agua presurizada de Generación III+ de 1,1 GW por unidad. En conjunto, la flota aportaría 11 GW de generación firme y podría abastecer a cerca de 10 millones de hogares, según el DOE.
El modelo busca transformar obras singulares en un programa industrial: compras en volumen, componentes a precio fijo y mayor previsibilidad para fabricantes. Las unidades 3 y 4 de Vogtle, en Georgia, demostraron la operación del AP1000 en Estados Unidos, aunque también expusieron el costo de construir con una red de proveedores debilitada por décadas de escasa actividad.
Capital privado antes del crédito público
Cada proyecto deberá ser copropiedad de Westinghouse y una utility o empresa energética. Antes de acceder a los préstamos, ambos socios comprometerán US$ 500 millones cada uno: US$ 1.000 millones de capital por proyecto. Westinghouse ya firmó cartas de intención con siete potenciales socios para cinco cupos.
La estructura reduce la exposición inicial del Estado y alinea incentivos privados desde el comienzo. También da volumen a proveedores de alta especialización: el DOE estima la participación de más de 100 compañías en más de 40 estados y cerca de 67.000 empleos creados o sostenidos.
El trasfondo: IA, industria y seguridad energética
La iniciativa se integra a la orden ejecutiva de mayo de 2025, que fijó el objetivo de tener diez grandes reactores con diseños completos en construcción hacia 2030. La Casa Blanca la vincula con la demanda eléctrica asociada a inteligencia artificial, centros de datos, electrificación y relocalización industrial.
Para Argentina, el anuncio no es una receta trasladable en escala, pero deja una señal relevante. Un programa nuclear exige más que tecnología: proveedores, manufactura, formación de personal y financiamiento sostenido. Con tres centrales —Atucha I, Atucha II y Embalse— y fallida experiencia con CAREM, la lección es clara: la infraestructura industrial debe planificarse antes de que empiece la obra.









