La extensión de vida de una central deja algo más que décadas adicionales de generación: también forma equipos capaces de repetir ese trabajo en otros mercados. Esa experiencia es el activo que Nucleoeléctrica Argentina busca llevar a Rumania, donde la renovación de un reactor abre oportunidades para la ingeniería y los servicios especializados.


La compañía firmó con SN Nuclearelectrica un memorándum para cooperar en tecnología CANDU 6, utilizada tanto en Embalse como en Cernavodă. Según la operadora rumana, el entendimiento se suscribió en Bucarest el 17 de septiembre y tiene carácter no vinculante. Establece un marco para desarrollar proyectos; todavía no equivale a una adjudicación comercial.

Embalse como carta de presentación

El antecedente argentino tiene una escala concreta. La modernización de Embalse, en Córdoba, demandó una inversión de USD 2.140 millones y permitió iniciar en 2019 un segundo ciclo operativo previsto por 30 años. La potencia bruta pasó de 648 a 683 MW.

Los trabajos incluyeron la renovación del reactor, el recambio de generadores de vapor y la actualización de los sistemas de seguridad. Ese recorrido constituye una referencia para ofrecer asistencia en proyectos que exigen coordinar ingeniería, proveedores y puesta en marcha.

La Central Nuclear Embalse, en Córdoba. Su modernización aportó la experiencia que Nucleoeléctrica busca convertir en servicios de ingeniería para Rumania.
La Central Nuclear Embalse, en Córdoba. Su modernización aportó la experiencia que Nucleoeléctrica busca convertir en servicios de ingeniería para Rumania.


El acuerdo contempla cooperación en extensión de vida, mantenimiento, ingeniería de materiales, sistemas eléctricos y mecánicos, instrumentación y análisis de seguridad, además de apoyo a nuevas unidades.

Una renovación con peso en el sistema eléctrico

La Unidad 1 de Cernavodă comenzó a operar en 1996. Su reacondicionamiento busca sumar otros 30 años de funcionamiento desde 2030, con una generación prevista de alrededor de 5 millones de MWh anuales. El cronograma de la operadora ubica las obras principales entre 2027 y 2030.

Para Argentina, la oportunidad comercial está en participar de ese proceso con capacidades desarrolladas al operar y modernizar sus propias instalaciones. La afinidad tecnológica facilita el intercambio: ambas empresas trabajan con reactores CANDU 6 y pueden compartir soluciones y lecciones de operación.

El potencial económico del acuerdo dependerá de convertir esa experiencia en contratos. El memorándum abre el vínculo; los próximos pasos deberán definir servicios, alcances y condiciones comerciales. Para el sector nuclear argentino, ese avance permitiría sumar ingresos por conocimiento especializado a la actividad de generación eléctrica.