La empresa nuclear Oklo fue seleccionada por el Departamento de Energía de Estados Unidos para iniciar negociaciones avanzadas dentro del Surplus Plutonium Utilization Program, una iniciativa que busca transformar parte del plutonio excedente del país en combustible para reactores avanzados. El movimiento no implica todavía una autorización automática ni un contrato definitivo, pero sí coloca a la compañía en una posición estratégica dentro de uno de los debates más sensibles del futuro nuclear: qué hacer con materiales heredados de la Guerra Fría que hoy representan un pasivo de seguridad, almacenamiento y costo estatal.
Un programa para reutilizar material excedente
El programa del DOE apunta a poner a disposición de empresas privadas alrededor de 20 toneladas métricas de plutonio excedente, con el objetivo de evaluar su conversión en combustible para tecnologías nucleares avanzadas. La solicitud de propuestas, publicada en octubre de 2025, estableció que los postulantes debían presentar planes técnicos para el procesamiento, reciclaje, seguridad y eventual uso energético del material.
La lógica del programa es clara: en vez de tratar ese plutonio únicamente como un residuo o una carga de disposición final, Washington busca explorar si puede convertirse en una fuente de energía firme, despachable y de alta densidad. Según Reuters, además de Oklo, también fueron seleccionadas Exodys Energy, SHINE Technologies, Standard Nuclear y Flibe Energy para avanzar en conversaciones con el gobierno estadounidense.
Oklo y Newcleo: una alianza transatlántica
Oklo planea liderar el esfuerzo junto con Newcleo, una compañía europea especializada en reactores avanzados y tecnologías de combustible. El esquema propuesto contempla que Oklo aporte su desarrollo en reactores rápidos y su conocimiento del mercado estadounidense, mientras que Newcleo sumaría experiencia en combustibles avanzados y capital potencial para infraestructura, siempre sujeto a acuerdos definitivos, aprobaciones regulatorias y requisitos de seguridad nacional.
La relación entre ambas empresas ya venía tomando forma. En octubre de 2025, Oklo y Newcleo anunciaron un acuerdo para desarrollar infraestructura de fabricación de combustible avanzado en Estados Unidos, con una inversión proyectada de hasta USD 2.000 millones a través de un vehículo afiliado a Newcleo. El objetivo es construir una cadena de suministro más robusta para combustibles nucleares avanzados, un punto crítico para el despliegue comercial de nuevos reactores.
Convertir un pasivo en electricidad
Jacob DeWitte, cofundador y CEO de Oklo, presentó la selección como una oportunidad para transformar un material históricamente asociado a la defensa en combustible capaz de generar electricidad confiable. Stefano Buono, fundador y CEO de Newcleo, remarcó a su vez el valor de una cooperación transatlántica orientada a reducir responsabilidades nucleares mediante tecnología de combustible y reactores.
El enfoque tiene una dimensión técnica y otra geopolítica. Por un lado, los reactores avanzados prometen usar combustibles distintos a los de las centrales convencionales y aprovechar materiales que, bajo otros esquemas, quedarían almacenados durante décadas. Por otro lado, Estados Unidos busca recuperar control sobre partes críticas del ciclo nuclear, desde el combustible hasta la fabricación, en un contexto de mayor demanda eléctrica por inteligencia artificial, centros de datos e industria pesada.
Un camino con desafíos regulatorios
El proyecto, sin embargo, no está exento de controversias. El plutonio es uno de los materiales más sensibles del ciclo nuclear, por lo que cualquier iniciativa de reutilización exige salvaguardias estrictas, controles de no proliferación, trazabilidad y aprobación de las autoridades competentes. Reuters señaló que legisladores demócratas plantearon preocupaciones por los riesgos asociados al manejo de este material, mientras que el gobierno defiende el programa como una vía para atraer inversión privada y reducir cargas de almacenamiento.
Para Oklo, la selección representa un paso relevante, pero no definitivo. La compañía todavía deberá atravesar negociaciones, evaluaciones técnicas, acuerdos comerciales y revisiones regulatorias. Aun así, el mensaje político e industrial es potente: el futuro nuclear estadounidense no solo se juega en nuevos reactores, sino también en la capacidad de convertir viejos pasivos estratégicos en combustible para la próxima generación de energía firme.










