La Autoridad Nuclear Argentina renovó la licencia de operación de la Central Nuclear Atucha II por un período de 10 años, extendiendo su habilitación hasta mayo de 2036. La decisión representa un paso clave para la continuidad del parque nuclear nacional y confirma que la planta cumple con las condiciones técnicas, regulatorias y operativas necesarias para seguir aportando energía firme al sistema eléctrico argentino.

El proceso de renovación incluyó la presentación de documentación técnica, evaluaciones de seguridad, análisis de operación, mantenimiento, gestión de envejecimiento de componentes y revisión de procedimientos internos. Este tipo de autorización no es un trámite menor: implica demostrar que la central puede operar de manera segura y confiable durante la próxima década, bajo estándares estrictos de control regulatorio.

Una licencia estratégica para el sistema eléctrico

Juan Martín Campos, presidente de Nucleoeléctrica Argentina, destacó que la renovación constituye un reconocimiento a las capacidades técnicas y operativas desarrolladas por la empresa. Según señaló, Atucha II opera bajo altos estándares regulatorios y su continuidad fortalece el rol estratégico de la energía nuclear dentro de la matriz energética nacional.

La central tiene una potencia eléctrica bruta de 745 MW y una capacidad neta cercana a los 693 MWe, lo que la convierte en una de las instalaciones de generación más importantes del país. A diferencia de las fuentes variables, como la solar o la eólica, una central nuclear puede entregar energía de base de manera continua, sin depender del clima, del viento o de la radiación solar disponible.

Ese atributo es central en un sistema eléctrico que necesita combinar generación renovable, térmica, hidroeléctrica y nuclear para sostener la demanda. En ese esquema, Atucha II aporta estabilidad, previsibilidad y energía de bajas emisiones de carbono.


Reactor de la Central Nuclear Atucha II, pieza clave del sistema eléctrico argentino y símbolo de la capacidad tecnológica nuclear del país.
Reactor de la Central Nuclear Atucha II, pieza clave del sistema eléctrico argentino y símbolo de la capacidad tecnológica nuclear del país.

La historia larga de Atucha II

Atucha II es un reactor de agua pesada presurizada, una tecnología que forma parte de la tradición nuclear argentina. El proyecto fue ordenado en 1979 y su construcción comenzó en 1981, a partir de una colaboración entre la Comisión Nacional de Energía Atómica y Siemens.

Sin embargo, su desarrollo estuvo marcado por interrupciones, demoras y problemas de financiamiento. En 1994, la obra quedó paralizada cuando registraba un avance aproximado del 81%. Ese freno convirtió a Atucha II en uno de los símbolos más claros de la dificultad argentina para sostener proyectos tecnológicos de largo plazo.

Ese mismo año se creó Nucleoeléctrica Argentina, empresa encargada de operar las centrales nucleares del país y de asumir la responsabilidad sobre la finalización de Atucha II. La reactivación formal llegó en 2003 y tomó mayor impulso con el plan nuclear lanzado en 2006, que permitió completar la construcción, actualizar sistemas y avanzar hacia la puesta en marcha.

Reactivación, operación y futuro

La central fue completada en 2011 y se conectó por primera vez a la red eléctrica en junio de 2014. Más tarde obtuvo su primera licencia de operación en 2016, consolidándose como un componente relevante del sistema energético argentino.

Desde entonces, Atucha II forma parte del pequeño grupo de centrales nucleares que sostienen la generación eléctrica del país junto con Atucha I y Embalse. En conjunto, estas plantas representan una fuente de electricidad constante, con alta disponibilidad y sin emisiones directas de dióxido de carbono durante la operación.

La extensión de la licencia hasta 2036 no solo garantiza la continuidad de la planta. También abre una etapa de planificación técnica, mantenimiento de largo plazo y fortalecimiento de capacidades locales en operación nuclear, ingeniería, seguridad radiológica y gestión de componentes críticos.

En un contexto global donde la energía nuclear vuelve a ganar protagonismo por la necesidad de electricidad firme, segura y baja en carbono, la renovación de Atucha II confirma que Argentina conserva una base tecnológica estratégica. No se trata únicamente de mantener encendida una central: se trata de sostener conocimiento, infraestructura y soberanía energética en un sector donde pocos países del mundo tienen experiencia real acumulada.