El repunte del uranio en Estados Unidos empieza a encajar en un cuadro más amplio: la recuperación del interés por la energía nuclear como fuente firme, estratégica y de respaldo para una demanda eléctrica en ascenso. Con casi un centenar de reactores operativos y una participación cercana al 19% en la generación eléctrica, el país volvió a mirar su cadena de suministro con otra prioridad.
2025 dejó el mejor registro en casi una década
En 2025, la producción de uranio mostró un salto marcado. En la serie minera estricta, el volumen llegó a unas 630 toneladas de U₃O₈, más del doble que en 2024 y el nivel más alto desde 2016. En la lectura más amplia del mismo informe, el total de concentrado se ubicó en torno de 957 toneladas. Más allá del ángulo estadístico, el dato relevante es el mismo: la industria estadounidense salió del letargo de la última década y volvió a ganar escala.
Ese rebote también se reflejó en la actividad. El gasto sectorial alcanzó USD 234,7 millones, el mayor valor desde 2014. El empleo creció un 41% respecto de 2024. A la vez, la perforación de exploración y desarrollo trepó a su nivel más alto desde 2013.

2026 arrancó con un ritmo todavía más alto
La foto no quedó congelada en diciembre. En el primer trimestre de 2026, Estados Unidos produjo unas 471 toneladas de U₃O₈ en seis instalaciones, apenas por debajo del último trimestre de 2025. Si ese ritmo se sostuviera durante el resto del año, el cierre podría ubicarse cerca de 1.900 toneladas, claramente por encima del año pasado. Todavía es una proyección lineal y debe tomarse con cautela, pero muestra que la tendencia siguió activa en la primera mitad del año.
También aparecen señales empresarias en la misma dirección. Energy Fuels informó en junio que esperaba alcanzar hacia mitad de año unas 726 toneladas de U₃O₈ producidas en White Mesa, dentro de una guía anual de entre 680 y 1.134 toneladas.
Más producción local, pero sin autosuficiencia
El avance es importante, aunque todavía no cambia por completo la ecuación del abastecimiento. La generación nuclear estadounidense sigue requiriendo volúmenes muy superiores, mientras Washington busca reducir la vulnerabilidad externa y recomponer capacidades en conversión, enriquecimiento y combustibles avanzados. En ese marco, el repunte del uranio ya no parece un episodio aislado, sino una pieza concreta del renacer nuclear estadounidense.









