Las principales compañías petroleras de Estados Unidos encendieron las alarmas sobre el estado del mercado energético mundial. Durante la conferencia Bernstein Strategic Decisions realizada en Nueva York, ejecutivos de Chevron y ExxonMobil advirtieron que los inventarios globales de petróleo y combustibles se encuentran en niveles excepcionalmente bajos y que el sistema podría enfrentar tensiones severas en cuestión de semanas.
Neil Chapman, vicepresidente senior de ExxonMobil, afirmó que las existencias comerciales de crudo, gasolina, diésel y combustible de aviación están en niveles "sin precedentes" y podrían alcanzar su mínimo operativo en apenas dos o tres semanas. Según los modelos internos de la compañía, una vez alcanzado ese punto crítico, el precio del petróleo Brent podría dispararse hasta los USD 150-160 por barril.
La advertencia fue respaldada por Mike Wirth, CEO de Chevron, quien señaló que los meses de julio y agosto serán particularmente delicados para el abastecimiento energético global y que los "amortiguadores" del sistema se han reducido de forma significativa.
El Estrecho de Ormuz, epicentro de la crisis
Las preocupaciones de la industria tienen origen en la interrupción del tráfico marítimo a través del Estrecho de Ormuz, una de las rutas energéticas más importantes del planeta.
Por este corredor estratégico circula aproximadamente el 20 % del petróleo consumido a nivel mundial. Las restricciones derivadas del conflicto entre Estados Unidos e Irán han provocado una de las mayores disrupciones de suministro de las últimas décadas, con pérdidas equivalentes a cientos de millones de barriles de crudo.
Aunque los gobiernos han intentado compensar el faltante mediante liberaciones masivas de reservas estratégicas, la velocidad de consumo de inventarios continúa superando la capacidad de reposición.
El mercado financiero aún no refleja el riesgo
A pesar de la tensión física en la cadena de suministro, los contratos futuros del Brent se mantuvieron relativamente estables durante la última semana de mayo, cotizando entre USD 91 y USD 94 por barril.
Sin embargo, tanto Chevron como Exxon sostienen que existe una creciente desconexión entre el mercado financiero y la realidad física. Según las compañías, cualquier interrupción adicional o una prolongación del bloqueo en Ormuz podría desencadenar movimientos bruscos de precios.
En ese escenario, la denominada "destrucción de demanda" se convertiría en el principal mecanismo de ajuste. Este fenómeno ocurre cuando los precios alcanzan niveles tan elevados que consumidores e industrias reducen forzosamente su consumo energético.

El papel de las reservas estratégicas
Las reservas estratégicas de petróleo constituyen la principal herramienta de emergencia de los gobiernos para enfrentar interrupciones graves del suministro.
Durante la crisis de 2026, la Agencia Internacional de la Energía (IEA) coordinó la mayor liberación de reservas de su historia, movilizando aproximadamente 400 millones de barriles entre sus países miembros.
Estados Unidos aportó una porción significativa de ese volumen, lo que redujo su Strategic Petroleum Reserve hasta unos 365 millones de barriles, muy por debajo de su capacidad autorizada de 714 millones.
Mientras tanto, China emerge como el país mejor preparado frente a una crisis prolongada. Estimaciones internacionales indican que posee alrededor de 1.400 millones de barriles entre reservas estratégicas y existencias comerciales bajo control estatal, convirtiéndose en el actor con mayor resiliencia energética del planeta.
Un mercado cada vez más vulnerable
La combinación de inventarios comerciales mínimos, reservas estratégicas parcialmente agotadas y una de las principales rutas petroleras del mundo bajo presión geopolítica configura un escenario de alta fragilidad para el sistema energético global.
Analistas de bancos de inversión y organismos internacionales coinciden en que Asia y Europa también se aproximan a niveles operativos críticos. Si la situación en Ormuz no se normaliza en el corto plazo, el mercado podría enfrentarse a un shock de suministro con consecuencias directas sobre la inflación, el crecimiento económico y la estabilidad energética mundial.









