China, el mayor importador mundial de petróleo, redujo sus compras de crudo hasta aproximadamente 6,6 millones de barriles diarios (mbd) en mayo de 2026, el nivel más bajo desde 2016. El dato representa una caída cercana al 35-40% respecto de su promedio habitual, que suele ubicarse entre 10 y 11 mbd.

El retroceso llega en un momento crítico para el sistema energético global. El conflicto alrededor de Irán y las tensiones en el Estrecho de Ormuz —paso marítimo por donde circulan entre 18 y 20 mbd, equivalentes a casi el 20% del consumo mundial— alteraron flujos comerciales, elevaron costos logísticos y encendieron alarmas sobre la seguridad energética asiática.

En ese contexto, la menor demanda china terminó funcionando como un inesperado amortiguador para el resto de Asia.

Asia encontró petróleo disponible

Según datos de Kpler, las refinerías asiáticas excluyendo China procesarán alrededor de 14,8 mbd durante mayo, unos 900 mil barriles diarios más que en abril. Aun así, el nivel sigue por debajo de los registros de 2025, reflejando que el mercado continúa operando bajo presión.

India, Corea del Sur, Japón y otros importadores regionales aprovecharon la liberación de cargamentos provenientes de Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Rusia, África Occidental e incluso de la Cuenca Atlántica.

La competencia por feedstock se relajó temporalmente. En las semanas más tensas de abril, algunos diferenciales spot de crudos medianos y pesados en Asia habían escalado varios dólares por barril debido a la incertidumbre sobre Ormuz y la fuerte demanda china. El “pullback” de Pekín redujo esa presión casi de inmediato.

Las razones detrás del retroceso chino

El freno no responde únicamente a la geopolítica. Las refinerías chinas enfrentan márgenes débiles, menor actividad industrial y una desaceleración del consumo interno de combustibles.

A eso se suma un fuerte uso de inventarios acumulados previamente. China había incrementado importaciones durante el primer trimestre para reforzar reservas estratégicas y comerciales, aprovechando precios relativamente más bajos antes de la escalada regional.

También influyó el mantenimiento anticipado de varias refinerías independientes (“teapots”), especialmente en Shandong, una provincia clave para el procesamiento de crudo importado.

Los datos preliminares muestran que en abril las importaciones ya habían caído entre 20% y 23% respecto del mes anterior, anticipando el desplome observado en mayo.

El mercado sigue sobre una línea de fractura

El alivio, sin embargo, podría ser temporal. China continúa siendo el principal factor de demanda incremental del mercado petrolero mundial. Un regreso agresivo de sus compras podría volver a tensionar rápidamente los balances regionales.

La sensibilidad es extrema: una recuperación de apenas 1 o 2 mbd en las importaciones chinas bastaría para absorber gran parte de los barriles hoy disponibles en Asia y volver a presionar precios, primas spot y costos de transporte.

El problema de fondo sigue intacto. El sistema energético mundial continúa dependiendo de rutas marítimas vulnerables, inventarios ajustados y una demanda asiática gigantesca que oscila al ritmo de la geopolítica.

Por ahora, Asia respira gracias a que China dejó de comprar. Pero en el mercado petrolero de 2026, la calma puede durar menos que un cargamento cruzando Ormuz.