Las recientes proyecciones sobre la crisis en Medio Oriente revelan una contracción histórica en la demanda mundial de petróleo, además de una reconfiguración significativa del mapa energético global. El impacto logístico en la región ha llevado a una caída de 2,45 millones de barriles diarios en el consumo global para el segundo trimestre del año.

El nuevo eje comercial del petróleo en las Américas

Con el conflicto en Medio Oriente, el flujo comercial se ha desplazado hacia el oeste, destacando el llamado Quinteto de las Américas, que incluye a países como Estados Unidos, Brasil, Canadá, Guyana y Argentina. Según la Agencia Internacional de Energía (AIE), se espera que el consumo global de crudo alcance un promedio de 104 millones de barriles diarios en 2026, lo que representa una disminución de 420.000 barriles por día en comparación con el año anterior.



La crisis en Medio Oriente ya golpea la demanda petrolera: la AIE estima caídas interanuales de hasta 2,45 mb/d para el 2T26.
La crisis en Medio Oriente ya golpea la demanda petrolera: la AIE estima caídas interanuales de hasta 2,45 mb/d para el 2T26.

El impacto de los precios en la demanda global

La escalada de precios internacionales ha sido un factor clave en la disminución de la demanda. En abril, el crudo de referencia alcanzó un promedio de 120,36 dólares por barril, con fluctuaciones de hasta 50 dólares en un solo día. Este aumento ha llevado a una rebaja en las proyecciones de crecimiento del PIB mundial, que pasó del 3,4% al 2,9%.

Desplome de la producción y crisis de refinación

El segundo trimestre de 2026 se perfila como el más crítico, con una caída de 2,45 millones de barriles diarios en la demanda interanual. Las economías de la OCDE han visto un descenso de 930.000 barriles diarios, mientras que los países fuera del bloque enfrentan una caída de 1,5 millones de barriles por día. La producción mundial también ha retrocedido, con una reducción de 1,8 millones de barriles diarios, ubicándose en 95,1 millones de barriles por día.

La crisis ha afectado severamente a la industria de la refinación, que podría experimentar una caída promedio de 4,5 millones de barriles diarios en el segundo trimestre, lo que plantea un riesgo significativo para el transporte y la industria global.