El acuerdo petrolero entre Estados Unidos y Venezuela comenzó a transformarse en una estructura operativa concreta. Las autoridades interinas venezolanas otorgaron a North American Blue Energy Partners (NABEP) concesiones por 100 años sobre 17 campos que reunirían aproximadamente 65.000 millones de barriles de reservas probadas.

El paquete fue anunciado por la Casa Blanca y posteriormente respaldado por la Asamblea Nacional venezolana. Su magnitud equivale a algo más de una quinta parte del inventario oficial de reservas del país.

Cómo participará Estados Unidos

No se trata de una transferencia directa del petróleo venezolano, sino de una combinación de participación corporativa, control de gestión y derechos comerciales.

NABEP entregará a la Oficina de Capital Estratégico del Departamento de Guerra estadounidense una participación del 35% en su compañía controlante. Washington también tendrá poder de veto sobre la designación de directores y la mayoría del directorio deberá estar integrada por ciudadanos estadounidenses.

El Departamento de Estado podrá comprar al costo de producción el 20% del petróleo extraído en todos los campos presentes y futuros operados por NABEP. Además, tendrá derecho de preferencia sobre el 80% restante.

La producción podría destinarse a recomponer la Reserva Estratégica de Petróleo, cubrir necesidades militares y abastecer refinerías estadounidenses preparadas para procesar los crudos pesados venezolanos. La Casa Blanca presenta esta combinación como un esquema de “control mayoritario”, aunque no implica que los 65.000 millones de barriles pasen automáticamente a ser propiedad estadounidense.

Hasta US$100.000 millones para recuperar la producción

NABEP proyecta invertir hasta US$100.000 millones en pozos, instalaciones, ductos y otras obras necesarias para recuperar campos inactivos o explotados por debajo de su capacidad. Washington estima que el desarrollo podría generar alrededor de US$200.000 millones en regalías e impuestos para Venezuela durante sus primeros 25 años.

Ambas cifras son proyecciones condicionadas a la ejecución del programa. Venezuela produce actualmente entre 1,1 y 1,2 millones de barriles diarios, lejos de los más de 3 millones que alcanzó a fines de la década de 1990. El secretario de Energía estadounidense, Chris Wright, considera que los nuevos acuerdos podrían más que duplicar ese volumen durante los próximos años.

Las reservas todavía no son producción

Los 65.000 millones de barriles describen el tamaño atribuido a los recursos concedidos, no una oferta disponible inmediatamente. Los documentos publicados hasta ahora no incluyen el listado completo de campos, una certificación independiente de reservas, curvas de producción ni compromisos anuales de inversión.

La Faja Petrolífera del Orinoco se divide en las áreas Boyacá, Junín, Ayacucho y Carabobo. El acuerdo todavía no identificó públicamente los 17 campos incluidos.
La Faja Petrolífera del Orinoco se divide en las áreas Boyacá, Junín, Ayacucho y Carabobo. El acuerdo todavía no identificó públicamente los 17 campos incluidos.

Convertir ese petróleo —en buena parte pesado y extrapesado— en exportaciones sostenidas exigirá recuperar generación eléctrica, plantas de tratamiento y mejoramiento, disponibilidad de diluyentes, oleoductos y terminales. También requerirá contratos capaces de resistir futuros cambios políticos y regulatorios.

El acuerdo se apoya en la reforma petrolera aprobada por Venezuela en enero, que amplió la participación privada, habilitó la comercialización directa y recuperó mecanismos de arbitraje para las inversiones.

Para Estados Unidos, el objetivo es asegurar crudo dentro del hemisferio y reducir el espacio ocupado por compañías chinas y rusas. Para Venezuela, es una vía para incorporar capital, tecnología y capacidad operativa. Por eso, el dato decisivo no es solamente cuánto petróleo existe bajo tierra, sino quién financiará su desarrollo y quién tendrá prioridad para comprarlo cuando finalmente llegue a superficie.