Argentina está ampliando su capacidad de generar dólares desde el subsuelo. El petróleo y la minería suman escala a una estructura exportadora históricamente apoyada en el agro, con una diferencia decisiva para el negocio: buena parte del crecimiento proviene de mayores cantidades vendidas.
Entre el primer semestre de 2023 y el mismo período de 2026, las exportaciones aumentaron 47,8% en valor. Los volúmenes avanzaron 48%, mientras que los precios agregados retrocedieron 0,1%, según el informe Economic GPS de PwC. Detrás de esa mejora conviven dos procesos: la recuperación agrícola posterior a la sequía y la expansión de actividades que requieren años de inversión para llegar al mercado.

El petróleo convierte producción en ventas externas
El complejo petrolero y petroquímico incrementó sus exportaciones 104,5% en valor, con cantidades 96,3% superiores. Dentro de ese conjunto, el crudo concentró el mayor impulso: los ingresos crecieron 193% y los volúmenes, 169%.
Para Vaca Muerta, la consecuencia económica es concreta. El mercado externo permite colocar una producción que puede crecer más allá de la capacidad de absorción local. Esa salida amplía el horizonte de desarrollo de los bloques y la demanda de perforación, fractura y servicios.
Pero producir y exportar forman parte de una misma cadena. La capacidad de transporte, almacenamiento y embarque determina cuánto de ese potencial puede convertirse efectivamente en ventas. Por eso, la infraestructura es una condición del crecimiento petrolero.
La minería suma escala, con diferencias entre productos
El complejo minero metalífero y litio registró un aumento de 227,9% en valor, acompañado por una expansión de 166,2% en cantidades y de 23,2% en precios.
El avance combinó mayores ventas de oro no monetario, minerales de plata y sus concentrados, y carbonato de litio. La lectura requiere distinguir productos: el promedio del complejo reúne mercados con cotizaciones, costos y condiciones operativas diferentes.
Para las empresas, exportar más abre oportunidades, pero la rentabilidad sigue dependiendo del precio obtenido y del costo de cada operación. La escala necesita productividad para sostenerse durante los ciclos menos favorables.

Una base exportadora más amplia
El agro conserva un papel central. Frente al primer semestre de 2023, el complejo cerealero aumentó sus ventas 58,5% y el oleaginoso, 29,1%. La sequía de aquel año obliga a leer parte del salto como recuperación desde una base deprimida.
La incorporación de otros motores puede reducir gradualmente la exposición de los ingresos externos a una mala campaña. Sin embargo, esa diversificación todavía convive con desempeños desiguales: el complejo automotriz exportó 2,1% menos en valor.
Argentina recuperó participación en las exportaciones mundiales de bienes: pasó de 0,29% en 2023 a 0,37% en 2025, todavía por debajo del 0,47% de 2011.
El desafío que dejan estos números es productivo. Para ganar más espacio en el comercio mundial, habrá que convertir inversiones en operaciones competitivas y asegurarles una salida al mercado. El próximo salto exportador también se juega en los pozos, las plantas y los puertos.









