Argentina tiene por delante una chance concreta de convertir al GLP en un negocio exportador de otra escala. Un informe del Instituto de Energía de la Universidad Austral plantea que tres proyectos atados al desarrollo de Vaca Muerta podrían empujar la producción de líquidos y llevar las exportaciones por encima de 5 millones de toneladas hacia 2035, con un potencial de más de US$2.000 millones al año.
Según ese trabajo, el país produjo cerca de 3 millones de toneladas de GLP (NGL) en 2025 y exportó unas 1,63 millones de toneladas entre GLP, propano y butano. Para 2030, la producción subiría a entre 4,4 y 4,8 millones de toneladas; para 2035, escalaría a entre 5,5 y 6,5 millones. En un escenario de mayor ejecución, incluso podría trepar a 8 o 9 millones de toneladas anuales.
Los tres proyectos que empujan el salto
Vaca Muerta no solo puede transformar las exportaciones argentinas de petróleo y gas natural licuado. El aumento de la producción de gas también abre la posibilidad de desarrollar una nueva cadena industrial alrededor del gas licuado de petróleo (GLP).
Un informe del Instituto de Energía de la Universidad Austral proyecta que tres grandes iniciativas podrían llevar las exportaciones argentinas por encima de 5 millones de toneladas hacia 2035 y generar más de US$ 2.000 millones anuales.
La oportunidad no depende únicamente del recurso disponible. Para capturarla, Argentina deberá ampliar su capacidad de separación, fraccionamiento, transporte, almacenamiento y despacho portuario.
La producción podría duplicarse en una década
Argentina produjo cerca de 3 millones de toneladas de GLP y otros líquidos del gas natural en 2025, con exportaciones por aproximadamente 1,63 millones de toneladas.
La expansión de Vaca Muerta podría elevar la producción a entre 4,4 y 4,8 millones de toneladas en 2030 y a entre 5,5 y 6,5 millones en 2035. Si los principales proyectos se ejecutan por completo, el volumen podría alcanzar incluso 8 o 9 millones de toneladas anuales.
Ese crecimiento permitiría que el GLP deje de funcionar principalmente como un producto complementario del procesamiento de gas y gane escala como negocio exportador propio.

Tres inversiones definen el salto
El primer proyecto es la ampliación de Compañía Mega, que busca aumentar su capacidad de procesamiento desde 4.800 hasta 7.200 toneladas diarias, casi un 50%.
La primera etapa requeriría entre US$ 250 y US$ 260 millones, dentro de un programa de inversiones estimado en aproximadamente US$ 650 millones.
El segundo desarrollo corresponde a TGS y su corredor de líquidos entre Tratayén, General Cerri y Bahía Blanca. La iniciativa supera los US$ 3.000 millones y apunta a procesar entre 2,7 y 2,8 millones de toneladas anuales de líquidos C3+.
Si alrededor del 85% de ese volumen corresponde a propano y butano, el proyecto podría incorporar cerca de 2,4 millones de toneladas anuales de GLP comercial.
El tercer frente aparece asociado a los proyectos de GNL en Río Negro. Antes de licuar el gas será necesario separar sus componentes más pesados, lo que podría habilitar otro polo exportador de propano, butano y gasolina natural en el Golfo San Matías.
La región ofrece escala inmediata
Los mercados regionales representan la salida más cercana para la nueva producción. Brasil, Chile, Paraguay, Uruguay y Perú aparecen entre los destinos con mayor potencial.
Brasil sobresale por el tamaño de su demanda, su cercanía y su déficit estructural. Pero una producción mayor también podría abrir negocios con grandes compradores asiáticos como India, China, Japón y Corea del Sur.
India ya recibió cargamentos argentinos durante 2025 y 2026. El próximo paso será convertir esas ventas puntuales en contratos estables y de mayor volumen.
La infraestructura decidirá el resultado
El principal límite no está en la disponibilidad de gas, sino en la capacidad para convertir sus líquidos en productos comercializables y llevarlos hasta los mercados.
El salto requerirá nuevas plantas de separación y fraccionamiento, más almacenamiento, poliductos y terminales portuarias. En esa red, General Cerri, Bahía Blanca y Puerto Galván concentrarían buena parte del procesamiento y la salida exportadora.
Si esas inversiones avanzan, Vaca Muerta habrá creado una nueva plataforma exportadora: además de petróleo, gas y GNL, Argentina podrá vender volúmenes crecientes de productos con mayor procesamiento y valor comercial.









