Guyana protagoniza una de las transformaciones económicas más rápidas de la historia reciente de la industria energética. En apenas siete años, este país sudamericano de menos de un millón de habitantes pasó de ser una economía periférica a convertirse en uno de los nuevos polos petroleros del mundo.
El cambio comenzó en 2015, cuando el consorcio liderado por ExxonMobil descubrió gigantescos yacimientos offshore en el bloque Stabroek, frente a la costa atlántica del país. Desde entonces, el desarrollo de los recursos avanzó a gran velocidad y la producción comercial comenzó en diciembre de 2019.
Actualmente, Guyana produce cerca de 900.000 barriles de petróleo por día mediante cuatro unidades flotantes de producción, almacenamiento y descarga (FPSO), consolidándose como uno de los productores de crudo de más rápido crecimiento a nivel global.
Proyecciones que desafían a los grandes productores
Las estimaciones indican que la capacidad productiva del país podría alcanzar los 1,7 millones de barriles diarios hacia 2030. El crecimiento estaría respaldado por siete proyectos ya aprobados y un octavo actualmente bajo revisión regulatoria.
El motor de esta expansión es el bloque Stabroek, donde se estiman más de 11.000 millones de barriles equivalentes de petróleo recuperables. El área es operada por un consorcio integrado por ExxonMobil (45%), Hess, recientemente adquirida por Chevron (30%), y la empresa china CNOOC (25%).
Las compañías involucradas ya comprometieron inversiones superiores a los 60.000 millones de dólares para continuar desarrollando los recursos offshore del país.

Un impacto económico sin precedentes
La irrupción del petróleo transformó por completo la economía guyanesa. Desde el inicio de la producción comercial, el tamaño de la economía nacional se cuadruplicó, convirtiendo a Guyana en uno de los países con mayor crecimiento del mundo.
Para 2026, se espera que el gobierno reciba alrededor de 4.300 millones de dólares en ingresos petroleros y regalías, un incremento cercano al 67% respecto del año anterior. Además, la participación estatal en las ganancias de los proyectos aumentará progresivamente hasta alcanzar el 50% una vez recuperadas las inversiones iniciales.
La geopolítica impulsa el valor estratégico de Guyana
El auge petrolero de Guyana coincide con un escenario internacional marcado por tensiones en Oriente Medio y preocupaciones sobre la seguridad del suministro energético global.
Las amenazas sobre rutas críticas como el Estrecho de Ormuz han reforzado el interés de los mercados por fuentes de abastecimiento ubicadas fuera del Golfo Pérsico. En este contexto, Guyana emerge junto a Brasil, Estados Unidos y Noruega como uno de los proveedores más atractivos para los consumidores internacionales.
La combinación de estabilidad política, recursos abundantes y acceso directo al Atlántico fortalece su posición en un mercado que busca diversificar riesgos geopolíticos.
El desafío de administrar la riqueza petrolera
Pese al optimismo que rodea al sector, analistas y organismos internacionales advierten sobre los riesgos asociados a la llamada “maldición de los recursos naturales”. El principal desafío para Guyana será convertir la renta petrolera en desarrollo sostenible, fortaleciendo instituciones, infraestructura y capacidades productivas más allá del sector hidrocarburífero.
La velocidad del crecimiento económico ofrece oportunidades históricas, pero también plantea interrogantes sobre cómo administrar una riqueza que podría redefinir el futuro del país durante las próximas décadas.










