El controvertido oleoducto Keystone XL, cancelado formalmente en 2021, vuelve a aparecer en la agenda energética de Norteamérica bajo una versión parcial y rediseñada: Prairie Connector. La empresa canadiense South Bow anunció que consiguió compromisos vinculantes de transporte por 20 años, un paso clave para avanzar con el proyecto.
La iniciativa contempla una capacidad de 550.000 barriles diarios y buscaría conectar Alberta, en Canadá, con Wyoming, en Estados Unidos. Según Reuters, el proyecto podría incrementar las exportaciones canadienses de crudo hacia el mercado estadounidense en más de un 12 %.
Un proyecto más chico que Keystone XL
A diferencia del Keystone XL original, Prairie Connector no implica revivir todo el trazado cancelado. La propuesta apunta a reutilizar infraestructura ya instalada en Canadá y sumar nuevos tramos en territorio estadounidense, en asociación con Bridger Pipeline.
South Bow nació en 2024 como una escisión de TC Energy, la compañía que había impulsado Keystone XL. El nuevo diseño busca ser más acotado, más rápido de ejecutar y políticamente más viable, aunque conserva buena parte de la carga simbólica del proyecto original.

El factor Trump
El avance llega después de que Donald Trump firmara en abril de 2026 un permiso transfronterizo para el proyecto, reabriendo una discusión que atravesó a varias administraciones estadounidenses. Obama rechazó Keystone XL en 2015, Trump lo aprobó en 2017 y Biden volvió a cancelarlo en 2021, lo que llevó a TC Energy a abandonar la obra.
Ese antecedente explica una de las mayores preocupaciones actuales de South Bow: la empresa no solo necesita permisos, sino garantías de que la autorización estadounidense sea “duradera” y no quede expuesta a otra reversión política en el futuro.
La decisión final será en 2027
Aunque el anuncio representa un avance importante, el proyecto todavía no está cerrado. South Bow apunta a tomar una decisión final de inversión hacia mediados de 2027. Antes deberá completar aprobaciones regulatorias en Estados Unidos y asegurar condiciones políticas y comerciales estables.
Reuters informó que los contratos obtenidos cubren alrededor del 80 % de la capacidad propuesta, un umbral relevante para justificar el avance de este tipo de infraestructura.
Energía, exportaciones y conflicto ambiental
Para los sectores pro-energía, Prairie Connector aparece como una oportunidad para aliviar los cuellos de botella del crudo canadiense, generar empleo y reforzar la integración energética con Estados Unidos. Canadá produce grandes volúmenes de petróleo, especialmente desde Alberta, pero depende de infraestructura suficiente para colocar esa producción en los mercados.
Del otro lado, ambientalistas y opositores vuelven a plantear los mismos cuestionamientos que frenaron a Keystone XL: emisiones asociadas a las arenas bituminosas, riesgo de derrames, impacto territorial y dependencia prolongada de los combustibles fósiles.
Así, Prairie Connector no es exactamente el regreso completo de Keystone XL, pero sí su resurrección parcial. Un proyecto más chico, con otro nombre y otra estrategia, pero atravesado por la misma disputa de fondo: cuánto petróleo necesita Norteamérica y qué costo político, ambiental y económico está dispuesta a asumir para moverlo.









