El gasoducto Tratayén-La Carlota volvió a ocupar un lugar central en la agenda energética. No se trata solo de otra obra para evacuar producción desde Vaca Muerta: aparece como una pieza clave para convertir el potencial gasífero neuquino en abastecimiento firme para el interior, competitividad industrial y exportaciones regionales.

Vaca Muerta necesita más salida

El crecimiento del shale gas ya no depende únicamente de la productividad de los pozos. Argentina cuenta con recurso, empresas activas y una curva de aprendizaje consolidada. El límite empieza a pasar por la infraestructura: sin gasoductos, compresión e interconexiones, el gas queda atrapado en la cuenca o se despacha con restricciones estacionales.

La traza entre Tratayén, en Neuquén, y La Carlota, en Córdoba, busca abrir una vía adicional para conectar el corazón de Vaca Muerta con el sistema troncal del centro y norte argentino. Así, el transporte dejaría de depender tanto del esquema radial hacia Buenos Aires y ganaría flexibilidad para llegar a regiones que necesitan energía competitiva.

Beneficios para el interior productivo

El impacto más directo estaría en el abastecimiento del norte, el Litoral y el centro del país. La declinación de la producción del NOA y la menor disponibilidad de gas boliviano obligaron a rediseñar el sistema. Con más gas neuquino llegando a Córdoba y desde allí al Gasoducto Norte, las provincias del interior podrían contar con suministro más estable para industrias, generación eléctrica, comercios y hogares.

Ese cambio no es menor. Para la minería del NOA, la agroindustria del centro, los polos fabriles del Litoral y las economías regionales, el acceso a gas firme puede significar menores costos, previsibilidad y mejores condiciones para ampliar producción.

Una obra con lógica modular

El proyecto contempla una inversión estimada en torno a US$ 3.400 millones, distribuida en dos fases. La primera incluiría la construcción del ducto principal, con caños de alta presión y un diámetro previsto de 36 pulgadas. La segunda sumaría plantas compresoras intermedias para elevar la presión operativa y ampliar la capacidad de transporte.

Ese diseño permite acompañar la demanda: primero se asegura una nueva salida física para el gas de Vaca Muerta; luego, a medida que aparezcan contratos firmes de transporte, consumo industrial y exportación, se agregan compresoras para aumentar los volúmenes disponibles.

Exportar sin descuidar el mercado interno

La relevancia estratégica del Tratayén-La Carlota también está en su proyección regional. Con más capacidad hacia Córdoba y el norte, Argentina podría inyectar gas en corredores existentes y avanzar en exportaciones firmes hacia Brasil, Chile u otros mercados del Cono Sur.

La exportación no compite necesariamente con el abastecimiento interno: puede ser la condición que financie la infraestructura que el país también necesita puertas adentro. Los contratos regionales de largo plazo ayudan a justificar inversiones millonarias, mientras las provincias argentinas reciben una red más robusta y segura.

Vaca Muerta ya demostró que puede producir. El desafío de la próxima etapa es transportar, industrializar y vender mejor ese gas. El Tratayén-La Carlota aparece como una obra bisagra: conecta Neuquén con el interior productivo y transforma el excedente gasífero argentino en integración energética regional.