La Ley Bases continúa transformando las reglas del mercado energético argentino. La Secretaría de Energía aprobó un nuevo procedimiento para exportar petróleo crudo, combustibles líquidos y derivados, que reemplaza autorizaciones y ofertas previas por un régimen de declaración jurada y no objeción estatal.
La Resolución 166/2026 elimina la obligación de ofrecer primero el producto en el mercado interno. Ahora, el exportador deberá notificar la operación y la Secretaría tendrá hasta 30 días para objetarla por razones técnicas o económicas vinculadas con la seguridad del suministro. Vencido ese plazo, la venta al exterior quedará habilitada.
De pedir autorización a exportar por regla general
El esquema alcanza al crudo, las naftas, el gasoil, el propano, el butano y el Gas Licuado de Petróleo. También crea un Registro de Operaciones de Exportación para concentrar notificaciones, objeciones y operaciones realizadas.
La medida implementa el cambio introducido por la Ley 27.742 y reglamentado por el Decreto 1057/2024: producir, comercializar y exportar libremente pasa a ser el principio general, mientras que la intervención estatal queda reservada para riesgos concretos de abastecimiento.
La lógica se invierte. Las empresas ya no deben demostrar por qué pueden exportar. Es el Estado el que debe fundamentar, dentro de un plazo determinado, por qué una operación debería impedirse.
El shock externo no desestabilizó la macroeconomía
La apertura genera una mayor conexión entre los precios internos y las referencias internacionales. Sin embargo, la volatilidad provocada por el conflicto en Medio Oriente no produjo, al menos hasta ahora, una desestabilización sustancial de la economía argentina.
El petróleo Brent llegó a superar los US$118 por barril y las tensiones sobre el estrecho de Ormuz elevaron el riesgo sobre el abastecimiento mundial. Aun así, la inflación mensual descendió de 3,4% en marzo a 2,6% en abril y 2,1% en mayo. Para junio, el Relevamiento de Expectativas de Mercado proyectó una variación cercana al 2% y mantuvo una estimación de crecimiento económico de 3% para 2026.
Hubo aumentos en combustibles y precios regulados, pero el shock no derivó en una aceleración generalizada comparable con otros episodios de encarecimiento energético.

Una balanza energética que funciona como amortiguador
La principal diferencia es estructural. Argentina ya no enfrenta el aumento del petróleo únicamente como importadora: la expansión de Vaca Muerta permite compensar parte del impacto interno con más exportaciones, regalías, inversiones e ingreso de divisas.
El superávit comercial energético alcanzó los US$6.987 millones durante el primer semestre de 2026, un crecimiento interanual de 87% y el mayor saldo registrado para una primera mitad de año.
Las exportaciones de combustibles y energía sumaron US$8.118 millones, con una suba de 52%, mientras que las importaciones retrocedieron 29% y quedaron en su menor nivel nominal desde 2007.
Además, el resultado no se explicó solamente por el aumento de los precios internacionales. Cerca del 79% del crecimiento exportador respondió a mayores cantidades vendidas y apenas el 21% a mejores precios, una señal de que el superávit tiene una base productiva.
Menos vulnerabilidad y más previsibilidad
Con producción creciente y menores importaciones, un salto del crudo todavía puede presionar sobre combustibles, transporte y costos internos, pero también mejora los ingresos externos del país. La energía comienza así a actuar como una protección comercial y cambiaria frente a la volatilidad global.
La desregulación busca profundizar ese proceso. Menos trámites pueden facilitar contratos de largo plazo, acelerar embarques y mejorar el uso de oleoductos, refinerías y terminales. Para 2026 se proyectan exportaciones energéticas superiores a US$14.400 millones y un superávit anual mayor a US$12.000 millones.
La apertura no elimina el riesgo de tensiones internas ni vuelve innecesario el control del abastecimiento. Pero la estabilidad macroeconómica observada durante el último shock y el creciente superávit energético muestran que una mayor exposición internacional ya no representa, por sí sola, una vulnerabilidad mayúscula.









