Pampa Energía comenzó a desplegar una estrategia para encontrar nuevos mercados de largo plazo para el gas de Vaca Muerta. La compañía obtuvo la aprobación del RIGI para construir una planta de fertilizantes en Bahía Blanca y, en paralelo, busca atraer inversores para desarrollar un polo de data centers junto a su central térmica de Loma de la Lata.
Aunque se encuentran en etapas diferentes, ambos proyectos comparten la misma lógica: transformar el gas natural en productos de mayor valor agregado y crear una demanda capaz de sostenerse durante todo el año.

Un RIGI de US$2.700 millones para producir urea
El Gobierno nacional aprobó mediante la Resolución 1468/2026 el ingreso de Fértil Pampa, subsidiaria de Pampa Energía, al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones. El proyecto fue incorporado como una iniciativa de exportación estratégica de largo plazo dentro del segmento petroquímico y de fertilizantes.
La compañía invertirá aproximadamente US$2.700 millones para construir en Bahía Blanca un complejo con capacidad para producir 2,1 millones de toneladas anuales de urea granulada. Será la planta de mayor capacidad de América Latina, según la información presentada por Pampa Energía.
El desarrollo incluirá una planta de amoníaco de 3.450 toneladas diarias, dos líneas de urea con una capacidad conjunta de 6.000 toneladas por día, una desalinizadora, silos e infraestructura portuaria para despachar la producción por camión y por buque.
La ubicación permitirá reunir tres piezas en un mismo punto: los gasoductos provenientes de Vaca Muerta, el polo industrial bahiense y un puerto de aguas profundas. El gas y la electricidad, que serán suministrados principalmente por Pampa, representarían alrededor del 70% del costo de producción.
De importador a exportador de fertilizantes
Argentina mantiene un déficit estructural cercano a 1,3 millones de toneladas anuales de urea. La nueva planta podría cubrir esa demanda y dejar un volumen considerable para exportar, principalmente hacia Brasil, que importa entre 7 y 8 millones de toneladas por año.
Pampa estima que el proyecto podría aportar alrededor de US$1.000 millones anuales entre sustitución de importaciones y nuevas exportaciones. La documentación del RIGI proyecta ventas externas superiores a US$800 millones por año.
Las obras se extenderán hasta 2029 y estarán a cargo del consorcio integrado por SACDE y Tecnimont. Durante la construcción se generarían más de 4.800 empleos, mientras que la operación permanente demandaría alrededor de 300 trabajadores.
Gas neuquino para alimentar data centers
El segundo frente se encuentra en una fase más temprana. Pampa analiza instalar junto a su central térmica de Loma de la Lata, en Neuquén, un proyecto capaz de abastecer hasta 500 MW de demanda asociada a data centers.
En este sentido, la empresa comenzó a estudiar la iniciativa después de recibir consultas de potenciales inversores y ya está cotizando precios de energía. El objetivo es alcanzar acuerdos iniciales antes de finalizar 2026.
Los interesados comenzarían con módulos de entre 20 y 40 MW antes de avanzar hacia una escala mayor. Sólo la infraestructura eléctrica necesaria para alcanzar los 500 MW demandaría cerca de US$900 millones.
A diferencia de Fértil Pampa, este proyecto todavía no cuenta con una decisión final de inversión ni con una aprobación dentro del RIGI. Su desarrollo dependerá de conseguir inversores, clientes tecnológicos, conectividad mediante fibra óptica y contratos eléctricos de largo plazo.
Una demanda firme durante todo el año
Los dos proyectos revelan el principal desafío del gas argentino: no alcanza con aumentar la producción si no aparecen consumidores estables capaces de absorberla fuera de los picos invernales.
La urea permite convertir el gas en un producto industrial exportable, mientras que los data centers lo transformarían en electricidad destinada a servicios digitales e inteligencia artificial. Para Pampa, además, ambos negocios aprovechan su integración entre producción de gas, generación eléctrica, petroquímica e infraestructura.
El cambio estratégico consiste en dejar de considerar al gas únicamente como un combustible. En Bahía Blanca puede convertirse en fertilizantes para el agro; en Neuquén, en la energía firme que necesita la economía digital. Vaca Muerta comenzaría así a competir no sólo como fuente de hidrocarburos, sino también como plataforma industrial y tecnológica.










