Exxon Mobil cerró 2025 con una ganancia de US$ 4.670 millones en sus operaciones en Guyana, una cifra levemente inferior a los US$ 4.730 millones registrados en 2024. La caída no respondió a un retroceso operativo del proyecto, sino principalmente al menor precio internacional del petróleo.
Durante 2025, el Brent promedió alrededor de US$ 68 por barril, cerca de 15% por debajo del valor medio del año anterior. Esa baja impactó sobre los márgenes de las compañías que participan en el desarrollo offshore guyanés, aun cuando la producción siguió creciendo.
Hess, socio minoritario del bloque y actualmente bajo control de Chevron tras la adquisición concretada en 2025, también mostró una reducción en sus resultados. La compañía ganó US$ 2.890 millones en Guyana durante 2025, frente a los US$ 3.150 millones del año previo.
Stabroek, el motor petrolero de Guyana
El dato financiero se inscribe dentro de uno de los desarrollos offshore más relevantes de las últimas décadas. Toda la producción petrolera de Guyana proviene del Bloque Stabroek, operado por ExxonMobil, con una participación del 45%. Chevron, a través de Hess, posee el 30%, mientras que CNOOC mantiene el 25% restante.
En 2025, Guyana produjo en promedio cerca de 716.000 barriles diarios, pero terminó el año por encima de los 900.000 barriles diarios gracias a la operación de cuatro FPSO. El bloque cuenta con más de 11.000 millones de barriles recuperables estimados y acumula decenas de descubrimientos desde 2015.

La expansión todavía no terminó
La curva de crecimiento del país aún tiene nuevos escalones por delante. El proyecto Uaru, previsto para 2026, sumaría unos 250.000 barriles diarios de capacidad. Whiptail, esperado para 2027, agregaría otros 250.000 barriles diarios. Más adelante, Hammerhead podría incorporar 150.000 barriles diarios hacia 2029.
Con esa secuencia, Guyana apunta a consolidarse como uno de los nuevos grandes polos de producción petrolera offshore del mundo, con una meta cercana a 1,7 millones de barriles diarios hacia 2030.
El contrato y la discusión por la renta
El crecimiento de Stabroek también volvió a poner bajo la lupa el esquema contractual firmado en 2016. Guyana se encuentra todavía en una etapa de recuperación de costos, producto de inversiones estimadas en decenas de miles de millones de dólares para explorar, desarrollar y poner en producción el bloque.
En esa fase, las compañías pueden recuperar una parte significativa de los costos mediante el mecanismo de “cost oil”, mientras el Estado recibe regalías y una porción del “profit oil”. A medida que se reduzca el peso de la recuperación de inversiones, la participación estatal sobre la renta petrolera debería aumentar.
En 2025, el Natural Resource Fund, el fondo soberano de Guyana, recibió alrededor de US$ 2.470 millones en ingresos petroleros. El desafío para el país será transformar esa renta extraordinaria en infraestructura, capacidades productivas y estabilidad macroeconómica de largo plazo.
Un boom económico de escala global
El impacto del petróleo ya se refleja en la economía. Guyana creció 19,3% en 2025 y proyecta una expansión de 16,2% para 2026, con el sector hidrocarburífero como principal motor.
El caso guyanés muestra cómo un descubrimiento offshore puede modificar en pocos años la estructura económica de un país. Para Exxon y sus socios, Stabroek sigue siendo una fuente de ganancias extraordinarias. Para Guyana, es una oportunidad histórica: convertir petróleo bajo el mar en desarrollo real sobre tierra firme.









