El desarrollo no convencional de Vaca Muerta acumuló entre 2013 y 2025 un impacto económico estimado en US$74.112 millones, de acuerdo con un análisis elaborado por el consultor Nicolás Taiariol. El trabajo pone el foco en el valor generado por la producción de petróleo y gas en la Cuenca Neuquina a lo largo de más de una década y propone una distinción central para entender la magnitud del fenómeno: no es lo mismo la riqueza generada por la actividad que la rentabilidad final de las compañías operadoras.

Qué mide el informe

El informe toma como base el volumen total extraído y su valorización a precios de comercialización para dimensionar cuánto aportó el no convencional a la economía argentina desde el inicio de su etapa de expansión industrial. Bajo ese criterio, el aporte agregado de Vaca Muerta en el período 2013-2025 asciende a US$74.112 millones, una cifra que refleja la escala que alcanzó la formación en pocos años y su creciente peso dentro del sistema energético nacional.

El no convencional en Vaca Muerta acumuló US$74.112 millones de valor económico entre 2013 y 2025. El petróleo explicó el 61,7% del total y lideró el salto productivo.
El no convencional en Vaca Muerta acumuló US$74.112 millones de valor económico entre 2013 y 2025. El petróleo explicó el 61,7% del total y lideró el salto productivo.


Petróleo y gas, los dos pilares del aporte económico

Dentro de ese total, el petróleo no convencional explica la mayor parte del valor generado. Según el estudio, la producción acumulada de shale oil llegó a 748.940.151 barriles, con una valorización estimada en US$45.718 millones. El gas no convencional, por su parte, alcanzó un volumen total de 236.017.524 miles de metros cúbicos, equivalentes a otros US$28.394 millones. La suma de ambas corrientes muestra hasta qué punto Vaca Muerta se consolidó como uno de los principales motores productivos del país.

Riqueza generada no es igual a rentabilidad

Taiariol subraya, sin embargo, que estos valores no deben interpretarse como ganancias netas de las empresas. Se trata de una medición de riqueza bruta generada por la extracción y comercialización de hidrocarburos, sin descontar costos operativos, inversiones, impuestos, regalías ni otros compromisos financieros que forman parte de la estructura del negocio. La aclaración no es menor: permite separar el impacto macroeconómico de la actividad del resultado empresario y evita confundir facturación potencial con rentabilidad efectiva.

Inversiones y el próximo salto de escala

La expansión de Vaca Muerta también estuvo acompañada por un aumento sostenido de las inversiones. Para 2026, las proyecciones del segmento upstream no convencional apuntan a desembolsos por US$12.373 millones, lo que implicaría un crecimiento del 16% frente al año anterior. Ese salto refleja la expectativa de las compañías sobre la continuidad del crecimiento productivo, en especial en petróleo, que hoy aparece como uno de los vectores más dinámicos del desarrollo neuquino.

El desafío de la infraestructura

Pero el crecimiento no depende solo de perforar más pozos o de sumar etapas de fractura. También exige resolver cuellos de botella de infraestructura que pueden limitar la capacidad de expansión. En ese punto, la evacuación del crudo aparece como uno de los desafíos más relevantes. La construcción del oleoducto Vaca Muerta Oil Sur (VMOS) es vista por la industria como una pieza clave para acompañar el próximo salto de escala, ya que permitirá ampliar la capacidad de transporte hasta 700.000 barriles diarios y sostener un sendero de crecimiento más robusto en los próximos años.

Un motor cada vez más relevante

Con más producción, más inversiones y una infraestructura crítica en marcha, Vaca Muerta no solo exhibe resultados récord en términos operativos. También empieza a mostrar, con números cada vez más contundentes, la dimensión económica de un desarrollo que ya modificó la matriz energética argentina y que todavía promete seguir escalando.