La sísmica 3D realizada en Cañadón Amarillo, en el departamento mendocino de Malargüe, respaldó las hipótesis sobre la continuidad de Vaca Muerta en Mendoza y permitió acelerar la perforación de dos pozos exploratorios.

La UTE integrada por Quintana Energy y TSB inició la tramitación de los permisos con el objetivo de perforarlos antes de terminar 2026, un año antes del cronograma contractual original. Los resultados fueron presentados al gobernador Alfredo Cornejo y a las autoridades energéticas provinciales.

De la sísmica a la perforación

El relevamiento cubrió 202,5 kilómetros cuadrados que no contaban con información sísmica 3D y demandó una inversión cercana a US$ 4 millones. Diez equipos vibradores participaron de la adquisición, la primera campaña de este tipo realizada en Mendoza desde 2017.

El procesamiento y la interpretación de los datos permitieron reducir la incertidumbre geológica y seleccionar posibles locaciones. El programa piloto compromete US$ 44 millones durante los primeros tres años e incluye la sísmica, un pozo vertical y dos horizontales, originalmente diseñados con ramas laterales de aproximadamente 1.500 metros.

Cañadón Amarillo integra el Clúster Mendoza Sur, transferido por YPF a la UTE a comienzos de 2025 como parte del Plan Andes. Mendoza prorrogó la concesión del bloque hasta enero de 2036, condicionada al cumplimiento de inversiones.

Una extensión poco explorada de Vaca Muerta

La formación presenta condiciones variables dentro del bloque. Su espesor disminuye a menos de 150 metros hacia el noreste, pero supera los 500 metros en dirección al río Colorado. Las zonas más prospectivas contienen intervalos orgánicos de más de 150 metros, valores de carbono orgánico total superiores al 2% y una madurez térmica ubicada principalmente en ventana de petróleo.


Ubicación de Cañadón Amarillo en la extensión mendocina de Vaca Muerta y su relación con las distintas ventanas de madurez térmica.
Ubicación de Cañadón Amarillo en la extensión mendocina de Vaca Muerta y su relación con las distintas ventanas de madurez térmica.


Estudios técnicos identifican entre 800 y 845 kilómetros cuadrados de interés en el sur mendocino. Se trata de la denominada “lengua norte” de Vaca Muerta, una prolongación que los mapas históricos suelen interrumpir en el río Colorado y que todavía cuenta con escasa información de pozos horizontales y fracturas hidráulicas.

Los pozos definirán la comercialidad

Los datos sísmicos mejoran la imagen del subsuelo, pero no demuestran por sí solos que el petróleo pueda producirse de manera rentable. Los dos pozos previstos para 2026 deberán comprobar productividad, calidad de reservorio y capacidad de repetir resultados.

Si el piloto resulta exitoso, la inversión contingente para desarrollar el bloque podría alcanzar US$ 1.350 millones. La infraestructura convencional existente —el área producía alrededor de 155 m³ diarios de petróleo y 18.000 m³ de gas— podría facilitar una primera etapa del desarrollo.

El avance abriría una nueva ventana de shale oil fuera del núcleo neuquino y generaría actividad, empleo y regalías en Malargüe. Sin embargo, los cambios de espesor y madurez dentro del bloque obligan a mantener cautela: la sísmica permitió adelantar el cronograma, pero serán los pozos los que determinen si la Vaca Muerta mendocina tiene escala comercial.