Vaca Muerta enfrenta un desafío que ya no está bajo tierra: mover, en tiempo y a costos competitivos, los insumos necesarios para sostener el aumento de actividad. La reaparición del Tren Norpatagónico y la factibilidad de un corredor fluvial de 720 kilómetros muestran que la logística pasó a ser una condición central del desarrollo.

La arena expone el cuello de botella

Cada pozo no convencional requiere entre 11.000 y 15.000 toneladas de arena y la demanda anual podría alcanzar los 15 millones de toneladas. Más del 80% proviene de Entre Ríos y recorre unos 1.200 kilómetros por camión. Solo en marzo circularon entre 3.500 y 3.800 camiones diarios asociados a esta cadena.

Esa dependencia encarece los pozos, deteriora las rutas y vuelve vulnerable el abastecimiento. Una demora puede inmovilizar flotas de fractura y alterar la secuencia entre perforación, completación y puesta en producción.


El tren, el corredor fluvial y los camiones de última milla podrían reducir costos, aliviar las rutas y sostener el crecimiento de Vaca Muerta.
El tren, el corredor fluvial y los camiones de última milla podrían reducir costos, aliviar las rutas y sostener el crecimiento de Vaca Muerta.

 

El tren recupera una solución de escala

El Gobierno analiza reactivar el Tren Norpatagónico mediante la intervención de 665 kilómetros: 582 kilómetros de vías existentes y 83 kilómetros de nueva traza hasta Añelo. La ejecución demandaría 48 meses.

Los antecedentes planteaban elevar la carga ferroviaria desde 700.000 toneladas anuales hasta 4,1 millones en 2030, reducir hasta 50% los costos y aumentar la velocidad desde 12 km/h hasta 90 km/h. Aunque esas metas deberán actualizarse, ilustran el impacto de reemplazar viajes de larga distancia por trenes con arena, caños, cemento y maquinaria.

Una vía fluvial complementaria

El estudio financiado por el CFI y elaborado por IATASA concluyó que es viable desarrollar un corredor entre Arroyito y el Atlántico. La infraestructura requeriría cerca de US$580 millones en dragados, adecuación del cauce y terminales, con una ventana operativa superior al 90% del año.

Una barcaza podría sustituir alrededor de 80 camiones. La hidrovía no llegaría directamente a Añelo: necesitaría centros de transferencia y una última etapa ferroviaria o vial. Su ventaja sería mover grandes volúmenes, formar inventarios y reducir la presión del abastecimiento “just in time”.

Un sistema multimodal para evitar el límite

El mayor beneficio surgiría de integrar ferrocarril, navegación, arena regional y camiones de corta distancia. Esa combinación reduciría el costo por tonelada, aportaría previsibilidad y evitaría que una interrupción paralice toda la cadena.

Persisten desafíos de financiamiento, permisos ambientales, coordinación interprovincial y obras que demandarán varios años. Pero no avanzar también tiene un costo: Vaca Muerta podría encontrar su próximo límite no en la geología o los ductos, sino en la capacidad de transportar millones de toneladas hasta Añelo.