Vaca Muerta se encuentra en un momento crucial, con proyecciones que indican que el 2026 será un año histórico para las etapas de fractura. La actividad en esta cuenca neuquina ha alcanzado niveles récord, con una notable eficiencia operativa y un creciente interés por el desarrollo del gas. Sin embargo, este panorama positivo oculta tensiones financieras y desafíos técnicos que inquietan a las empresas del sector.
Luciano Fucello, country manager de NCS Multistage y figura clave en la Fundación Contactos Energéticos, destacó en una reciente entrevista que el año que viene marcará un punto de inflexión para el shale argentino y, en particular, para la cuenca neuquina. La actividad sigue creciendo a un ritmo sostenido, y en abril se anticipaban más de 2.300 etapas de fractura, continuando la tendencia iniciada en marzo, cuando se superaron las 2.600 operaciones.
Fucello enfatizó que Vaca Muerta está en camino de alcanzar un nuevo récord, con estimaciones que indican que el año podría cerrar con más de 28.000 etapas de fractura, superando ampliamente las 24.000 del 2025. Este crecimiento va de la mano con un aumento significativo en la eficiencia operativa, principalmente impulsado por YPF y las grandes operadoras, que han logrado reducir costos y acelerar los tiempos de perforación y completación de pozos. Sin embargo, esta mejora también ha generado una presión considerable sobre toda la cadena de valor.
El especialista advirtió sobre la paradoja del sector: a pesar de los récords de producción y actividad, muchas empresas de servicios están experimentando niveles de facturación similares o incluso inferiores a los del año anterior. La drástica reducción de costos ha sido notable en la última década; mientras que una etapa de fractura costaba aproximadamente 300.000 dólares hace diez años, actualmente se sitúa alrededor de 40.000 dólares gracias a la optimización tecnológica y operativa.
A pesar de estos avances, la mayor eficiencia ha llevado a una fuerte presión sobre los precios que reciben las compañías de servicios, que ahora deben operar con estructuras que equivalen a un barril de petróleo de unos 45 dólares. Además, las operadoras han comenzado a extender los plazos de pago a proveedores, pasando de 30 días a entre 60 y 90 días. Fucello explicó que esta estrategia busca proteger la rentabilidad ante una posible caída futura del crudo, pero obliga a muchas pymes de servicios a buscar financiamiento externo para mantener sus operaciones, lo que ha generado un aumento en los reclamos por facturas impagas.
Otro fenómeno que está alterando el mapa de perforación en Vaca Muerta son los denominados “frack hits”, interferencias que ocurren cuando nuevas fracturas afectan pozos ya existentes debido a la alta densidad de desarrollo en áreas centrales. Este problema técnico ha causado pérdidas significativas para algunas operadoras, con daños en equipos y caídas de producción de hasta el 40%. En un caso extremo, una compañía llegó a perder 12 pozos, lo que representó un impacto económico estimado en 80 millones de dólares.
Ante estos riesgos, las empresas han comenzado a acelerar proyectos gasíferos en zonas menos saturadas, lo que está modificando el perfil productivo de la cuenca neuquina. La actividad relacionada con el gas, que históricamente representaba alrededor del 15% del total de operaciones, ha aumentado al 25% en los últimos meses. Fucello concluyó que el desafío para el futuro será mantener el crecimiento de Vaca Muerta sin comprometer la sustentabilidad económica de las empresas que forman parte de la cadena de servicios. A pesar de los niveles de eficiencia alcanzados, la industria necesita un equilibrio financiero para garantizar su desarrollo a largo plazo.









