La balanza energética argentina alcanzó en el primer semestre de 2026 el mayor superávit de su historia para ese período. Según el Informativo Semanal de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), el saldo positivo llegó a US$ 6.987 millones, un 87% más que en los primeros seis meses de 2025.

El resultado refleja un cambio profundo en el sector: Argentina no solo redujo su necesidad de importar energía, sino que amplió de manera significativa su capacidad de generar divisas a partir del crecimiento de la producción local.

Más exportaciones y menos importaciones

Las exportaciones de combustibles y energía aumentaron un 52% y superaron los US$ 8.118 millones, frente a los US$ 5.345 millones registrados un año antes. En paralelo, las importaciones de combustibles y lubricantes cayeron un 29% y se ubicaron en su nivel más bajo desde 2007, medidas en dólares corrientes.

Esta combinación produjo un doble efecto sobre la balanza comercial: aumentó el ingreso de divisas por las ventas externas y disminuyó la salida de dólares destinada a cubrir las necesidades del mercado interno.

Como consecuencia, la energía representó más del 15% de las exportaciones totales argentinas, su mayor participación de los últimos 20 años. Al mismo tiempo, explicó menos del 3% de las importaciones, el nivel más bajo desde 1999.

Vaca Muerta, el principal motor

El factor más relevante fue el aumento de los volúmenes exportados. De acuerdo con la BCR, el 79% del crecimiento de las ventas externas se explicó por mayores cantidades y solo el 21% respondió a la mejora de los precios internacionales.

Esto indica que el superávit no depende exclusivamente de una coyuntura favorable en los mercados, sino principalmente de una expansión concreta de la producción. Vaca Muerta ya aporta más del 68% del petróleo y del 67% del gas que produce el país.

Además, se proyecta que la extracción petrolera nacional aumente un 16% durante 2026. De cumplirse esa estimación, Argentina superaría el máximo histórico de producción alcanzado en 1998.


La balanza energética argentina pasó del déficit al superávit récord, impulsada por más producción, menores importaciones y el crecimiento de Vaca Muerta.
La balanza energética argentina pasó del déficit al superávit récord, impulsada por más producción, menores importaciones y el crecimiento de Vaca Muerta.


El impacto de los precios internacionales

La suba del precio del petróleo también contribuyó al resultado, aunque con un peso menor. El conflicto entre Estados Unidos e Irán y el cierre del Estrecho de Ormuz impulsaron las cotizaciones internacionales durante el primer semestre.

Ese contexto permitió mejorar el valor de las exportaciones, pero no fue el elemento dominante. La mayor parte del crecimiento provino del aumento físico de la producción y de las cantidades comercializadas.

La composición del superávit le otorga una base más sólida: incluso ante una moderación de los precios internacionales, el incremento de los volúmenes permitiría sostener niveles elevados de exportación.

VMOS y el próximo salto exportador

El siguiente desafío será ampliar la infraestructura de transporte. A fines de 2026 se espera la puesta en marcha del oleoducto Vaca Muerta Oil Sur, que conectará la Cuenca Neuquina con la costa de Río Negro.

En su primera etapa, el ducto añadirá unos 190.000 barriles diarios de capacidad de evacuación. Para mediados de 2027 podría alcanzar los 390.000 barriles diarios, con un potencial máximo estimado de entre 550.000 y 700.000 barriles.

Esta infraestructura permitirá reducir los actuales cuellos de botella y convertir una mayor proporción del crecimiento productivo en exportaciones.

Un superávit con bases estructurales

La BCR proyecta que las exportaciones energéticas superarán los US$ 14.400 millones durante 2026 y que el superávit anual cerrará por encima de los US$ 12.000 millones.

Con VMOS en funcionamiento, las ventas externas del sector podrían superar los US$ 18.500 millones en 2027.

El récord del primer semestre confirma que la energía está dejando de ser una fuente recurrente de déficit para transformarse en uno de los principales generadores netos de divisas del país. La combinación de más producción, menores importaciones y nueva infraestructura consolida un superávit cada vez más estructural y menos dependiente de los precios internacionales.