En la reciente Feria del Libro, el CEO de YPF, Horacio Daniel Marín, junto al gobernador de Neuquén, Rolando Figueroa, presentaron un ambicioso plan que busca acelerar el desarrollo de Vaca Muerta, enfocándose en las exportaciones, la formación de talento y la sostenibilidad social.
Marín y Figueroa coincidieron en que están creando una nueva Pampa húmeda, pero sin el riesgo climático que implica. Con una poderosa metáfora, Marín destacó que Vaca Muerta no es solo una roca, sino una turbina que puede equilibrar el avión de la economía argentina. Ambos líderes dejaron en claro que el país se encuentra ante un cambio de paradigma, donde la meta es pasar del autoabastecimiento a la exportación masiva de energía al mundo.
El CEO de YPF subrayó que Vaca Muerta ha entrado en una fase de verticalidad absoluta, y anunció que, tras la firma de un financiamiento estratégico, la actividad de la compañía se triplicará en comparación con los niveles históricos. Argentina ya superó los 850.000 barriles diarios este año, rompiendo récords que datan de casi un siglo. El objetivo es alcanzar el millón de barriles de exportación para 2033, proyectó con frialdad técnica.
Marín comparó este proceso con un tornado virtuoso, donde todos los actores involucrados, incluyendo el Estado, las provincias, los gremios y el sector privado, deben alinearse. Su enfoque está centrado en la productividad a través de la formación: “Si una persona no sabe lo que está haciendo, es un riesgo. Por eso el Instituto Vaca Muerta es clave; proyectamos certificar a 15.000 trabajadores en los próximos años. En Houston o Canadá no existe tecnología de simulación en tiempo real como la que tenemos hoy en Neuquén”, explicó.
El CEO fue claro en cuanto a las reglas del juego: “La riqueza no la genera el Estado, la generan los privados. Pero para eso necesitamos ser business friendly. Vaca Muerta es para exportar, y para atraer los billones de dólares necesarios, las reglas deben ser claras y sostenidas”.
El gobernador Rolando Figueroa aceptó el desafío, pero estableció condiciones territoriales. Su discurso se centró en la administración de la abundancia para evitar que el crecimiento se convierta en un caos. “Vaca Muerta derrama en todo el país: el 42% queda en el Estado Nacional y el resto se coparticipa. Sin embargo, el impacto social y de infraestructura ocurre en Neuquén”, advirtió.
Figueroa también reveló un aspecto menos visible del éxito: la presión migratoria. La provincia recibe 21.000 nuevos residentes por año, lo que obliga a una rápida expansión de servicios. “Necesito 160 aulas nuevas por año solo para los hijos de los migrantes. Por eso les pedimos a las operadoras tres cosas: becas para nuestros jóvenes, capacitación de mano de obra local y, fundamentalmente, infraestructura”, detalló.
Su visión es la de una comarca en función de la roca, donde la industria colabore en la reducción de la deuda social. “Hicimos un gasoducto para que el norte neuquino tenga gas, porque era inaceptable que el criancero viera pasar el caño hacia Chile mientras él se cocinaba con leña. El camino es un win-win: si le damos rutas a la industria, ellos ahorran 22 millones de dólares al año en logística y nosotros ganamos conectividad para el turismo”, enfatizó.
El punto de encuentro entre Marín y Figueroa fue la soberanía energética. Marín destacó que YPF envía 15 profesionales por año a realizar másteres en Estados Unidos para liderar la transición, mientras que Figueroa remarcó que el “obelisco debe curarse de la miopía” y entender que la Patagonia es el motor del país. “Estamos creando una nueva Pampa húmeda, pero sin riesgo climático”, concluyeron ambos.
El acuerdo entre YPF y Neuquén es claro: YPF proporciona la inversión y la tecnología para extraer el recurso al costo más bajo posible, mientras que Neuquén asegura un marco de seguridad política, social y educativa, con el fin de que Vaca Muerta no se convierta en un simple boom pasajero, sino en una transformación generacional.










