La NASA lanzó el telescopio espacial Nancy Grace Roman el 30 de agosto a bordo de un cohete Falcon Heavy de SpaceX. El despegue se produjo desde el Centro Espacial Kennedy, en Florida, y colocó al observatorio en una trayectoria de aproximadamente 1,6 millones de kilómetros hacia el punto de Lagrange L2.

El lanzamiento del Roman se completó según lo previsto. La NASA recibió telemetría siete minutos después del despegue y el telescopio se separó de la etapa superior 31 minutos más tarde. Sus paneles solares y el protector inferior de los instrumentos también fueron desplegados correctamente.

Un telescopio diseñado para observar a gran escala

El Roman tiene un espejo primario de 2,4 metros, similar al del Hubble, pero fue construido para cubrir áreas mucho más extensas del cielo en cada observación. Su campo de visión será al menos 100 veces mayor y podrá realizar relevamientos hasta 1.000 veces más rápido que el histórico telescopio espacial.

Su instrumento principal será el Wide Field Instrument, una cámara de 300 megapíxeles integrada por 18 detectores. El sistema combinará imágenes en luz visible e infrarroja cercana con espectroscopía sin rendija para registrar grandes cantidades de galaxias, estrellas y sistemas planetarios.

El telescopio Nancy Grace Roman durante su encapsulado en la cofia del Falcon Heavy. Fuente: NASA.
El telescopio Nancy Grace Roman durante su encapsulado en la cofia del Falcon Heavy. Fuente: NASA.


Durante su misión primaria de cinco años, el observatorio podría medir la luz de 1.000 millones de galaxias, estudiar cientos de millones de estrellas y detectar más de 100.000 exoplanetas mediante diferentes métodos.

Energía oscura, materia oscura y exoplanetas

Uno de los principales objetivos del Roman será reconstruir cómo evolucionó la estructura del universo. Para eso observará la distribución de galaxias y los efectos de las lentes gravitacionales, dos herramientas que permitirán investigar la materia oscura y medir cómo cambió la expansión cósmica bajo la influencia de la energía oscura.

El observatorio también realizará un relevamiento por microlentes gravitacionales en las regiones centrales de la Vía Láctea. Esta técnica permitirá detectar planetas difíciles de encontrar mediante otros métodos, incluidos mundos fríos, objetos con órbitas amplias y planetas que podrían desplazarse sin una estrella anfitriona.

Roman transporta además un coronógrafo experimental capaz de bloquear la luz de una estrella para observar directamente planetas gigantes que orbitan a su alrededor. No será todavía un instrumento destinado a fotografiar planetas similares a la Tierra, pero probará tecnologías necesarias para futuras misiones que sí buscarán hacerlo.

Una misión complementaria al Webb y al Hubble

Roman no reemplazará al James Webb ni al Hubble. Su función será diferente: mientras Webb puede estudiar objetos individuales con enorme detalle, Roman estará dedicado a localizar fenómenos y construir panoramas extensos del universo.

El volumen esperado refleja esa diferencia. El telescopio enviará alrededor de 1,4 terabytes de información por día, la mayor tasa de datos alcanzada hasta ahora por una misión astrofísica de la NASA. Parte de ese material será procesado con aprendizaje automático, inteligencia artificial y proyectos de ciencia ciudadana.

El costo total estimado de desarrollo, lanzamiento y operación ronda los US$4.300 millones.

Roman corrigió su rumbo hacia L2

El 31 de agosto, el observatorio completó la primera de las dos correcciones previstas durante el viaje. La maniobra duró aproximadamente tres minutos y ajustó su trayectoria hacia L2, donde la inserción orbital está prevista unos 100 días después del lanzamiento.

Durante ese período, los equipos desplegarán componentes, encenderán los instrumentos y realizarán calibraciones. La NASA espera publicar las primeras imágenes científicas a comienzos de 2027.