Una crecida puede dejar a Yacyretá rodeada de más agua, pero con menos altura para aprovecharla. Allí aparece una de las particularidades de esta central de llanura: cuando el Paraná sube aguas abajo, se achica el desnivel que mueve sus turbinas. El recurso abunda, aunque cada metro cúbico puede entregar menos energía.
Esa relación cobra relevancia ante el fortalecimiento de El Niño. La Organización Meteorológica Mundial estimó el 3 de septiembre una probabilidad cercana al 100% de que el fenómeno persista hasta febrero de 2027, con una intensificación hacia fin de año. Para Yacyretá, el escenario abre una oportunidad de mayor generación y, a la vez, exige preparar la operación para crecidas importantes.

La altura también cuenta
En Yacyretá trabajan 20 turbinas Kaplan. Con un salto de diseño de 21 metros, cada unidad puede producir 155 MW: 3.100 MW en esas condiciones. Esa potencia depende de que el agua llegue con suficiente caudal y conserve la diferencia de altura necesaria para entregar su energía.
Durante una gran crecida, el nivel aguas abajo puede acercarse al del embalse y reducir ese salto. El efecto es directo: una caída del 10% en el salto neto reduce aproximadamente un 10% la potencia si el caudal turbinado y la eficiencia permanecen constantes. Es un ejemplo físico, no una previsión para esta temporada.
También hay un límite al volumen aprovechable. Cada turbina permite el paso de unos 800 m³/s, una referencia de 16.000 m³/s para las veinte unidades, sujeta a las condiciones de operación. El agua que excede la capacidad de generación debe continuar por los vertederos. Puede haber un río mucho más caudaloso sin un aumento equivalente de la electricidad.
El pronóstico empieza lejos de la represa
Buena parte de lo que suceda se definirá con las lluvias sobre el sur de Brasil, Paraguay y el noreste argentino. En episodios anteriores, los aportes a Yacyretá llegaron a duplicar su promedio histórico. Ese antecedente dimensiona el fenómeno, pero no establece cuánto crecerá el Paraná esta vez: la persistencia de El Niño no determina por sí sola la magnitud de una crecida local.
Por eso, el seguimiento de precipitaciones y afluentes permite anticipar maniobras y emitir avisos a las comunidades ribereñas. La operación debe compatibilizar el aprovechamiento energético con la evacuación segura de los excedentes.

La diferencia se mide en combustible
Para el sistema eléctrico, el valor de una temporada húmeda aparece cuando la generación hidráulica permite reducir el uso de centrales térmicas. Allí puede traducirse en ahorro de gas y combustibles líquidos, según la demanda y las restricciones de la red.
Ese beneficio se juega en las turbinas: cuánto caudal pueden procesar, con qué salto y cuántas máquinas están disponibles. El desafío de Yacyretá será convertir una mayor abundancia de agua en electricidad útil durante el verano, incluso cuando el propio río limite cuánto puede aprovecharse.










